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Por Jesús Copeiro y Enrique Nielsen

El suceso sobre la aparición del cadáver de un soldado norteamericano en el lugar conocido como Barranco Colorado, cerca de Matalascañas, término de Almonte, en diciembre de 1942, ha pasado desapercibido en la historia local y provincial. Pero una investigación reciente llevada a cabo esta última semana, demuestra que Leo Paul La Bonte, el soldado en cuestión, falleció el 9 de noviembre de 1942 durante la Operación Torch, el desembarco de la flota aliada en el Norte de África.

 

Eran las 11,30 h del día 17 de diciembre de 1942 cuando una pareja de carabineros, en su ronda habitual, divisó en la playa un bulto extraño. El mar había arrojado el cadáver de un hombre en estado de descomposición, en el lugar conocido como Barranco Colorado, en el distrito de Matalascañas. Al cadáver le faltaban las dos manos y de la cabeza sólo se apreciaban los huesos. Vestía mono caqui y corbata de igual color, botas de becerro engrasadas, trayendo correaje con varios cargadores, creyendo que por su uniforme era extranjero, sin poder calcular el tiempo aproximado de su fallecimiento (Informe del teniente del puesto de Malandar al juez municipal de Almonte, 18 diciembre 1942).

La flecha indica el lugar donde apareció el cadáver: “Barranco Colorado”, a 2,5 kilómetros de Torre de la Higuera.
La flecha indica el lugar donde apareció el cadáver: “Barranco Colorado”, a 2,5 kilómetros de Torre de la Higuera.

Constitución del Juzgado en el lugar de los hechos

 

A las 11 h del día 28 de diciembre, en los medios de locomoción puestos a su disposición por el alcalde, salió el Juzgado para el lugar de los hechos, distante 62 kilómetros de Almonte. La comitiva la formaban el juez municipal Nicolás Cernuda Illán, el alguacil habilitado Manuel Pérez Delgado, los facultativos Ángel Cascajo Domínguez y Juan Martín Rodríguez, y el secretario José Díaz. A las 12 h se constituyó el Juzgado en el sitio indicado para proceder a las diligencias, haciéndose constar lo siguiente: Sobre la arena de la playa a una distancia de 200 metros de la orilla del mar Atlántico fue encontrado el cadáver de un hombre en posición decúbito supino con los pies hacia el norte y la cabeza con dirección sur, vistiendo mono de color caqui, de los que corrientemente se usan en los ejércitos, correaje de lona con cartucheras también de lona para cargadores individuales de fusil, botas de becerro igualmente de tipo militar, como toda su indumentaria.

 

El juez ordenó a los facultativos el reconocimiento del cadáver. Se trataba de un hombre de veinte a veinticinco años, de elevada estatura y muy robusto, con la cabeza y el cráneo completamente descarnado o sea en esqueleto, como asimismo las dos manos, no teniendo señal alguna de violencia. De acuerdo con el estado de putrefacción en que se hallaba el cadáver, el fallecimiento debió producirse a consecuencia de asfixia por sumersión hacía unos dos meses, al naufragar la embarcación en la cual iría. Que era imposible el traslado del cadáver al cementerio de Almonte para la práctica de la autopsia, que ésta debía llevarse a cabo sin pérdida de tiempo y proceder rápidamente a su enterramiento. Registradas las vestiduras del cadáver encontraron una tarjeta escrita en inglés, que revelaba su identidad: Leo Paul La Bonte, de nacionalidad norteamericana. Fue inscrito al día siguiente en los libros de defunción del Registro Civil de Almonte.

 

El juez ordenó a que se procediera  inmediatamente a la práctica de la autopsia sobre el mismo terreno y a su enterramiento en el mismo lugar en que fuera hallado. Fue enterrado en el “Barranco Colorado” ocupando la siguiente posición: los pies con dirección al norte y la cabeza hacia el sur, en una zanja o fosa abierta al efecto, a 200 metros de la orilla del mar.

 

Un mes más tarde, el 19 de enero de 1943, Francisco Navarro, sargento de la guardia civil del puesto de Almonte, preguntado sobre las causas de la muerte, informaba al juez diciendo que se supone formaría parte de algún buque de guerra o de aprovisionamiento, que naufragase, y que su cuerpo fuera arrojado por el oleaje a la orilla de la playa.

 

Hasta aquí los datos obtenidos en el Archivo Histórico Provincial de Huelva.

 

The National Archives

 Enrique Nielsen realizó la segunda parte del trabajo, profundizando en los archivos norteamericanos. Su investigación dio como resultado que Leo Paul Le Bonte, ciudadano norteamericano de raza blanca, nació en el año 1916 en el condado de York, estado de Maine. Tenía una altura de 72 pulgadas (1,82 m) y pesaba 198 libras (89 kilos). Poseía un nivel de educación de cuatro años en la escuela secundaria y había trabajado en un taller de maquinaria y ocupaciones afines. Se alistó en el ejército el 19 de marzo de 1941 a la edad aproximada de veinticinco años, número de serie 31027627, era soltero y sin cargas familiares. Su última dirección fue el Campamento Beauregard, en Louisiana. En caso de accidente o enfermedad había que avisar a su padre Albert La Bonte en el 677 de South Steet, en Biddeford, Maine.

 

Tumba de Leo Paul La Bonte en el cementerio militar de Neuville (Bélgica). En la cruz figura la fecha de defunción y su pertenencia a la 204 Compañía de la Policía Militar (www.findagrave.com).
Tumba de Leo Paul La Bonte en el cementerio militar de Neuville (Bélgica). En la cruz figura la fecha de defunción y su pertenencia a la 204 Compañía de la Policía Militar (www.findagrave.com).

 

Nielsen descubrió que nuestro hombre Leo P. La Bonte está enterrado en el cementerio militar de Neuville (Bélgica), bloque A, fila 21, tumba 14. Esto indicaría que su cadáver fue desenterrado de la playa onubense y llevado a dicho país, en fecha que aún desconocemos. En la cruz figura que su muerte acaeció el 9 de noviembre de 1942 y que pertenecía a la 204 Compañía de la Policía Militar.

 

Ficha con los datos de Leo Paul La Bonte en el cementerio de Neuville (Records of the American Battle Monuments Commission. Record Group 117, serie A1 43).
Ficha con los datos de Leo Paul La Bonte en el cementerio de Neuville (Records of the American Battle Monuments Commission. Record Group 117, serie A1 43).

Operación Torch

 

La fecha de su muerte, 9 de noviembre, coincide con las operaciones del desembarco aliado en el Norte de África, la llamada Operación Torch. El día anterior, el domingo 8, seiscientos buques desembarcaron. 70.000 soldados anglo-americanos en Safi, Casablanca, Orán y Argel. Pero no fue un desembarco sencillo. En Casablanca y Port-Lyautey (actual Kenitra), hubo tres días de combates, el 8, 9 y 10. Las operaciones de desembarco en Argelia y Marruecos causaron la muerte de 700 angloamericanos y 1.300 franceses. Con este panorama bélico, Leo Paul La Bonte viajó con su unidad en alguno de los numerosos barcos implicados en el transporte de tropas al Norte de África y con destino a la playa de Fedala.

 

Buques de la Operación Torch.
Buques de la Operación Torch.

 

Muerte del soldado

 

A la 204 Compañía de la Policía Militar se la asignó el control de la playa de Fedala (Marruecos francés), pero por error, navegó hacia el puerto de Casablanca y se involucró en uno de los episodios más trágicos acaecidos a la fuerza invasora. Durante las primeras horas de la mañana del 9 de noviembre 1942, los 113 miembros de esta compañía fueron llevados en cuatro lanchas de desembarco con instrucciones de arribar a la playa de Fedala. Sin embargo, las lanchas entraron en el puerto de Casablanca (un error de cálculo de 15 millas) y se convirtieron en objetivo inmediato del ataque de un buque de guerra francés de Vichy. Dieciséis hombres murieron bien por fuego o bien por ahogamiento y decenas fueron heridos. Y así fue el trágico final del soldado Leo Paul La Bonte. Murió ahogado y su cadáver fue llevado por las corrientes marinas desde la costa marroquí hasta la costa de Doñana. Queda así resuelta esta enigmática historia.

 

El cadáver del soldado fue llevado por las corrientes marinas, en una larga travesía, desde Casablanca hasta la costa onubense.
El cadáver del soldado fue llevado por las corrientes marinas, en una larga travesía, desde Casablanca hasta la costa onubense.

 

Agradecemos al personal del Archivo Histórico Provincial de Huelva y en especial a su director Luis Carlos Gómez Romero, su amabilidad y ayuda para acceder a los documentos consultados. Asimismo a nuestro amigo Mariano Pascual del Pobil, sin cuya información no hubiera sido posible conocer este suceso.

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