Regulación emocional en adolescentes

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ESPERANZA GÓMEZ HARRIERO

El interés en el estudio de las estrategias de afrontamiento y la regulación emocional de los adolescentes ha aumentado considerablemente en los últimos años y se han realizado numerosos estudios en este campo.

Aunque los términos ‘estrategias de afrontamiento’ y ‘regulación emocional’ son conceptos muy similares, hay algunas diferencias entre ellos. En general, el afrontamiento se refiere a una serie de “pensamientos y acciones que permiten a las personas manejar situaciones difíciles”. Otra definición haría referencia a los esfuerzos realizados para manejar demandas excesivas o estresantes, ya sean internas y/o ambientales, de la mejor manera posible (reducir, minimizar, tolerar o controlar).

La regulación emocional, por otra parte, se refiere no solo a las emociones negativas, sino que también incluye la gestión de las emociones positivas. Sin embargo, la mayoría de los estudios realizados en este campo continúan centrándose en las emociones negativas. Las emociones positivas reciben menos atención, tanto en el desarrollo de los enfoques teóricos como, sobre todo, en la investigación empírica.

Varios autores coinciden en que la regulación emocional “sirve para evitar, cambiar, transformar, minimizar, inhibir o intensificar las emociones” dependiendo de los objetivos específicos de la persona. Aunque no son absolutamente intercambiables, en este artículo voy a usar los términos de afrontamiento y regulación emocional indistintamente para referirme al mismo concepto.

Una pregunta a la que se ha prestado poca atención y que muchos autores consideran fundamental, es el estudio de la adecuación o inadecuación de diversas estrategias de adaptación y regulación emocional. Algunos autores afirman que, en general, se puede afirmar que unas estrategias son más adecuadas que otras. Por ejemplo, Saarni sostiene que la situación ideal es que cada individuo tenga una amplia gama de diferentes estrategias de afrontamiento, consistentes principalmente en métodos de resolución de problemas y apoyo social. De acuerdo con este autor, sin embargo, la evitación y la negación son dos de las estrategias menos adaptativas.

Carver, Scheier y Weintraub, por su parte, sostienen que pueden considerarse estrategias adaptativas el enfrentamiento activo, la planificación, la supresión de actividades competitivas, la reinterpretación positiva y la búsqueda de oportunidades de apoyo social. En el otro extremo, estrategias como la negación o recurrir al alcohol y las drogas como medio de evasión tienen un valor mucho más dudoso.

Otros autores, sin embargo, afirman que cualquier juicio sobre la adecuación de una estrategia específica de afrontamiento o regulación emocional debe tener siempre en cuenta el contexto en el que se adopta. Por lo tanto, muchas estrategias de adaptación y regulación emocional pueden ser beneficiosas para ciertas personas en ciertas situaciones y perjudiciales para otros o para las mismas personas en situaciones diferentes.

En este sentido, lo que algunos autores proponen es que para saber si una determinada estrategia de afrontamiento es o no más adecuada que otra en una situación dada, es importante analizar la función de dichas estrategias. En otras palabras, es importante analizar si las personas obtienen resultados positivos o negativos a través de las estrategias que emplean. Koole, por ejemplo, defiende que las principales funciones de las estrategias de regulación emocional son satisfacer las necesidades hedónicas, facilitar el logro de objetivos y optimizar los resultados en las relaciones sociales.

En relación con la regulación emocional dirigida a satisfacer necesidades hedónicas, Koole afirma que las estrategias cognitivas son relativamente ineficientes, especialmente a largo plazo. Sin embargo, en relación con la regulación emocional orientada a lograr objetivos, las estrategias atencionales y cognitivas parecen ser más efectivas que las físicas (por ejemplo: ejercicios de respiración o relajación). En cuanto a las estrategias para las relaciones personales, Koole concluye que las estrategias corporales parecen ser relativamente eficaces.

Muchos estudios han analizado las diferencias de género en el uso de estrategias de afrontamiento. Las investigaciones llevadas a cabo en esta área sugieren que los hombres son más propensos que las mujeres a enfrentarse directamente con un problema o situación, o a negarlo por completo. Las mujeres, por otro lado, son más propensas a responder a los problemas emocionalmente, compartiéndolo con familiares y amigos. Tamres, Janicki y Helgeson concluyeron que las mujeres tienden más a usar estrategias que incluyen la expresión verbal, específicamente la búsqueda de apoyo emocional y la rumiación.

Este estudio de Pascual, Conejero y Etxebarria (2016) también encontró diferencias de género en el uso de varias estrategias de afrontamiento. Las chicas adolescentes obtuvieron calificaciones significativamente más altas en resolución de problemas, regulación emocional, expresión emocional, pensamiento ilusorio y rumiación. Los chicos, por su parte, obtuvieron mayor puntuación en pensamiento positivo, reestructuración cognitiva y aceptación.

También los datos encontrados nos dicen que las estrategias más activas y resolutivas son las que implican una reinterpretación positiva de la situación (resolución de problemas, regulación emocional, expresión emocional, pensamiento positivo, reestructuración cognitiva, distracción y aceptación). Por otro lado, las estrategias de adaptación más pasivas son las que implican concentrarse demasiado en las propias emociones (evitación, negación, deseo de pensar, rumiación, inacción y escape). Los resultados obtenidos al respecto nos permiten concluir que, en general, algunas estrategias de afrontamiento sí que pueden ser más adecuadas que otras.

En relación con las diferencias de género en el uso de estrategias de afrontamiento, estos resultados revelan que tanto los chicos como las chicas recurren a estrategias activas y resolutivas como la resolución de problemas. La aceptación, una estrategia de afrontamiento que comúnmente se considera positiva, también se vio que es utilizada por ambos sexos. Sin embargo, mientras que los chicos tienden a usar estrategias que implican una evaluación positiva de la situación (reestructuración cognitiva y pensamiento positivo), las chicas parecen inclinarse más hacia estrategias emocionales, como la regulación emocional y la expresión emocional.

Por otra parte, parece que, en general, los chicos tienden más que las chicas a sentir que las estrategias de afrontamiento utilizadas fueron útiles. Más específicamente, los chicos tienden a sentir (más que las chicas) que dichas estrategias les han ayudado a reducir la ansiedad y sentirse satisfechos con ellos mismos.

Estos resultados son muy interesantes. Es importante seguir analizando todas estas cuestiones con mayor profundidad y continuar con el análisis empírico de la adecuación de las estrategias de afrontamiento en relación con los diferentes índices de salud. Estos estudios nos permitirán concluir que, más allá de cualquier situación específica o individual, algunas estrategias son más positivas que otras, una conclusión que es de enorme valor en el campo aplicado. Es igualmente importante seguir analizando las diferencias de género a este respecto.

 

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Esperanza Gómez Harriero

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