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ESPERANZA GÓMEZ HARRIERO

Desde el Colegio de Psicólogos de Madrid han elaborado un documento de orientación vocacional para jóvenes que están en busca de su futuro profesional. El objetivo es llegar a quienes están buscando qué estudiar, cómo encaminar sus preferencias y motivaciones en el mundo laboral.

Los expertos llaman madurez vocacional al proceso por el cual elegimos nuestro itinerario profesional, ya sea consciente o inconscientemente. Es decir, ya sea deteniéndonos a reflexionar concienzudamente sobre el tema o dejándonos llevar por ideas y sentimientos que ya tenemos claros.

Cuando surgen dudas sobre qué camino tomar es posible que nos sintamos frustrados, ansiosos o, incluso, desmotivados. Sin embargo, existen una serie de pautas que podemos seguir para reflexionar al respecto. En este artículo lo que me gustaría es enumerar los pasos que pueden ayudarnos a tomar una decisión.

Qué se me da bien

Las capacidades son un aspecto importante cuando nos planteamos qué estudios elegir. Existen tests que evalúan las aptitudes a través de tareas, problemas o ejercicios que nos exigen razonar, deducir, inferir, conocer conceptos, manejar números, etc. En función de la formación que elijamos, serán más o menos importantes a la hora de tenerlas en cuenta.

Las categorías en las que, actualmente, dividimos las capacidades son:

  • Capacidades cognitivas: cómo se procesa la información, cómo se aprende, cómo se razona, atención, memoria, lenguaje…
  1. Razonamiento lógico: identificar categorías o conceptos, resolver analogías verbales y figurativas, descubrir leyes que ordenan series…
  2. Comprensión verbal: facilidad para entender el significado de las palabras, frases y discursos; soltura en el manejo del vocabulario.
  3. Razonamiento numérico: rapidez y seguridad en el cálculo, resolución de problemas básicos o comprensión de símbolos matemáticos.
  4. Organización perceptiva / Razonamiento espacial: capacidad para comprender la rotación en el plano y en el espacio de figuras geométricas.

Estas capacidades pueden tener mayor peso específico para unos estudios que para otros, pero también es importante tener en cuenta otros aspectos.

  • Estilo de aprendizaje: método que utilizamos cuando queremos aprender algo, es decir, las estrategias, habilidades y técnicas con las que nos sentimos más cómodos.
  1. ¿Prefiero estudiar de memoria más que confiar en mi capacidad de razonamiento?
  2. ¿Prefiero trabajar individualmente antes que en grupo?
  3. ¿Prefiero la aplicación práctica antes que aprender la teoría?
  4. ¿Me siento más cómodo preparando los contenidos con detalle?
  5. ¿Uso técnicas de estudio?
  6. ¿Soy más bien caótico al preparar los exámenes?
  7. ¿Reservo un tiempo fijo para hacer los deberes o me dejo llevar por las circunstancias?
  • Rendimiento académico: repasar de manera objetiva el rendimiento escolar en las distintas áreas nos permitirá reflexionar sobre qué asignaturas nos resultan más sencillas. Ahora bien, aunque esto nos puede dar una información valiosa, no siempre es determinante. Hay que analizar otros varios factores.

Qué me gusta: intereses y aficiones

Todos tenemos cosas que nos interesan hasta el punto de ser una afición importante en nuestra vida. La idea es descubrir si esa actividad podría llegar a convertirse en nuestra profesión.

Aquí van algunos ejemplos de cuestiones que podemos plantearnos para descubrir un poco más a este respecto.

  1. Disfruto con la naturaleza y estando al aire libre. Cuido del medio ambiente. Pienso que los mares, bosques, cultivos, montañas, ríos, viento… pueden ofrecer muchas soluciones para hacer más fácil la vida actual.
  2. Soy bueno negociando. Controlo mis gastos. Me fijo en los anuncios y me sé los artículos de moda.
  3. Estoy fuerte, soy rápido, se me dan bien los deportes.
  4. Me encanta viajar y disfruto aprendiendo idiomas.
  5. Sigo los programas de cocina y me gusta estar entre fogones.
  6. Soy el “manitas” de la casa, me gusta arreglar lo roto, entiendo con facilidad cómo funcionan las cosas, sé cómo mantenerlas en buen uso.
  7. Llevo un pequeño artista dentro, mis manos están conectadas con mi cerebro y trabajan en equipo. Soy creativo, me gusta inventar cosas.
  8. Resuelvo con facilidad los problemas informáticos. Me resulta intuitivo manejar dispositivos multimedia.
  9. Me preocupo por el bienestar de los demás y me siento bien si les ayudo.
  10. La forma de vestir, de peinarse, la imagen que proyectamos me parece importante y creo que es un campo divertido.

Lo ideal es conjugar afición, vocación y elección profesional, porque eso nos permite estar motivados para conseguir los objetivos que nos hayamos marcado. Dedicar tiempo a conocernos y ser sinceros con nosotros mismos ayudará a identificar qué encaja mejor con nosotros.

Cómo me veo y cómo me ven

Vamos a ver cuatro conceptos que ayudarán a entender cómo te valoras y cómo lo hacen los demás:

  • Autoconcepto: percepciones, ideas y opiniones que tenemos de nosotros mismos, ya sean falsas o verdaderas, objetivas o subjetivas.
  • Autoestima: el valor concreto que le damos a esas percepciones, si vemos más nuestros aspectos positivos o nos centramos en los negativos.
  • Habilidades sociales: comportamientos necesarios para interactuar con los demás de forma efectiva y satisfactoria.
  • Autocontrol: capacidad para regular y controlar nuestros impulsos y emociones, sobre todo en situaciones difíciles o novedosas.

Tener un buen autoconcepto, buena autoestima, una adecuada competencia social y alto control emocional va a favorecer nuestra estabilidad personal. Es importante ser conscientes de en qué medida disponemos de estas características, si necesitamos entrenarlas para lo que nos gustaría hacer en el futuro.

El entorno en el que vivo

De manera inevitable, nuestro entorno, las personas que nos rodean, nos influyen de una u otra forma. Son cuatro los grupos que, probablemente, sean importantes en tu vida y, por tanto, en las decisiones que tomas:

  1. En unos casos nos dejan elegir libremente sin opinar, en otros tenemos apoyo incondicional, y en otros quizá sean demasiado directivos. Es importante que nos preguntemos si el proyecto futuro que nos planteamos es algo nuestro o está influido en exceso por los demás sin tener en cuenta lo que nosotros queremos. Exponer las dudas a tus familiares es positivo, siempre sin olvidar que quien elige eres tú.
  1. Es posible que tus amigos hayan elegido otras opciones distintas a la que tú quieres, pero recuerda que es tu proyecto, tu propio camino, y eliges tú igual ellos eligen los suyos.
  1. Centro educativo. Aquí puedes contar con la ayuda necesaria. El orientador, el jefe de estudios, el tutor están a tu disposición. Su opinión es importante, pero como venimos repitiendo, la decisión la tienes que tomar tú.
  1. Mercado laboral. Las posibilidades de acceso al mundo laboral pueden ser distintas dependiendo de dónde vives, qué hayas estudiado, etc. Especializarte en algo que te guste y trabajar duro aumentan las probabilidades de éxito.

Es importante saber:

  • Qué profesiones están siendo ofertadas.
  • El porcentaje de acceso laboral en tu área de interés.
  • El porcentaje de paro.
  • Las posibilidades de trabajo en tu zona.
  • El grado de especialización necesario para optar a un puesto de trabajo.
  • La oferta de trabajo fuera de tu país.

Qué quiero ser

Las siguientes preguntas pueden ayudarte a identificar tus prioridades:

  • ¿Qué importancia tiene el dinero? ¿Es un medio o un fin?
  • ¿Me gustaría ser mi propio jefe?
  • ¿Prefiero tener un horario fijo?
  • ¿Quiero un trabajo que me apasiones sin importar el resto de cosas?
  • ¿Me conozco? ¿Conozco mis defectos y virtudes? ¿Sé hasta dónde podría llegar en mi futuro?
  • ¿Creo que podría trabajar en cualquier lugar del mundo?
  • ¿Me gustaría no trabajar?
  • ¿Me preocupa que la sociedad mejore?

Y sobre tu futuro, ¿qué esperas?

  • Conseguir prestigio y reconocimiento.
  • Obtener beneficios económicos.
  • Ayudar a las personas.
  • Desarrollar la creatividad.
  • Tener seguridad y estabilidad.
  • Realizar algo útil e importante para la sociedad.
  • Hacer muchas cosas diferentes, nada de trabajos monótonos o rutinarios.
  • Trabajar en grupo.
  • Ser responsable de otros.
  • Experimentar nuevas sensaciones, exponerme a retos.
  • Tener un horario cómodo, poder disponer de tiempo de ocio.

Qué merece la pena

Es importante que el proyecto profesional vaya en paralelo con el proyecto personal. Todos tenemos un sistema de valores que dan sentido a lo que hacemos. Para identificarlos, podemos plantearnos ciertas cuestiones:

  • ¿Cómo voy a desarrollar mi proyecto de vida y cómo quiero contribuir a mejorar la sociedad?
  • ¿Me gusta ayudar a los demás sin tener en cuenta lo económico?
  • ¿El afán de hacer dinero es lícito siempre y en cualquier circunstancia?
  • ¿Lo importante es ocuparse de uno mismo sin preocuparme de los demás?
  • ¿Estoy dispuesto a compartir mis conocimientos y descubrimientos?

Reflexión final

Este plan vocacional pretende darte algunos pequeños consejos para identificar qué cosas se te dan bien, qué te atrae o qué encaja mejor contigo. Es cierto que, en general, no es fácil tomar decisiones tan importantes, pero la reflexión sobre ti mismo siempre será de ayuda.

Por supuesto, tienes derecho a equivocarte. Si comienzas unos estudios que no se corresponden con lo que esperabas, o ves que no puedes asumir la decisión que tomaste, siempre puedes cambiar de opción. De todo se aprende y los errores ayudan a madurar.

Mucho éxito. Espero que descubres qué te gusta, qué quieres hacer y que realmente disfrutes con lo que hagas.

Referencias:

Esta información ha sido obtenida del ‘Plan Vocacional’ elaborado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

 

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Esperanza Gómez Harriero

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