OPINIÓN. El decálogo de Baldur Brönnimann: un intento de renovar el público en la clásica

0
289

Por José Manuel Macías Romero

“La música produce un tipo de placer del que la naturaleza humana no debe prescindir”

                                                                                      (Confucio)

Este joven músico suizo (actualmente dedicado a la dirección) ha comenzado a darse a conocer al público con más éxito por sus ideas en torno al protocolo de los conciertos que realmente por la dirección orquestal.

En su particular blog, ha sido sorprendido, en poco tiempo, por más de cien mil visitas a consecuencia de la publicación de su “decálogo musical.”

Baldur, aboga por renovar e incrementar el público que acude a las salas de conciertos y por acercar la música clásica a un público nuevo y no iniciado y para ello sugiere una serie de cambios en el protocolo que oficializa este tipo de eventos; en ocasiones añade nuevos aspectos hasta ahora no contemplados prácticamente en ninguna sala del mundo.

Repasemos su decálogo sin más demora:

1) Libertad para aplaudir entre los movimientos.

2) Realizar la afinación fuera del escenario.

3) Permitir la utilización del móvil a los oyentes.

4) Programas de mano menos predecibles.

5) Permitirse llevar ciertas bebidas a la sala.

6) Participación de los músicos con el público.

7) Prohibir como vestimenta de los músicos el frac.

8) Confeccionar programas de obras más apropiados para familias.

9) Empleo durante los conciertos de tecnologías de vanguardia.

10) Incorporar en los programas una pieza contemporánea.

Enumeradas estas diez ideas que nos lanza Baldur, podemos entender los motivos por los que abundantemente ha sido visitado su blog habiendo además generado tantísimos comentarios.

Personalmente, en absoluto me han escandalizado estas ideas ya que algunas de ellas, en ciertas salas, ya se ponen en práctica aunque es verdad que él, pretende una generalización mucho más amplia.

Ahora, no puedo obviar por más tiempo mi personal comentario a cada una de ellas:

1) Baldur, sabe mejor que yo que hasta hace relativamente poco tiempo era costumbre aplaudir, si procedía, entre tiempo y tiempo. Debemos recuperar esa sana costumbre por democrática para el público y por higiene de los sentidos. Además, ¿por qué se aplaude un aria en una ópera o un buen número del coro que en ocasiones hasta obliga al bis y no se puede aplaudir en una sinfonía o concierto?.

2) Desde luego, si el que tiene que tocar fuera Arturo Benedetti Michelangeli, diría a esta propuesta rotundamente no. Estaba obsesionado con la temperatura de la sala en cuestión. Y, puede que lleve razón el italiano porque instrumentos tan sensibles como los sinfónicos son objeto de sensibles variaciones sonoras en función del ambiente y sus condiciones físicas por tanto puede ser discutible esta medida que por otra parte tampoco nos lleva tanto tiempo.

3) El uso del teléfono móvil en un concierto de clásica para mí, exigiría de mucho civismo y dudo que estemos preparados para esta medida. Si a pesar de las reiteradas advertencias por su desconexión, a veces suenan que sería del concierto dejando absoluta libertad?.

4) A Mahler, por citar un ejemplo, no le gustaban los programas de mano que fuesen más allá de recordar el título de las obras que se iban a interpretar. Entiendo que hay que dejar trabajar la imaginación del que asiste y evitar a toda costa el entretenimiento de sus sentidos. Esto se puede conseguir con programas más austeros en sus contenidos.

5) Las bebidas en la sala para mí, requieren el mismo civismo o más que el del uso del móvil por consiguiente no lo veo como una prioridad. Por otra parte, si todas las salas tienen servicio de bar y todos los conciertos tienen un descanso aproximado de veinte minutos ¿ qué sentido tiene beber dentro de la sala?. Recuerdo que hay salas que por la compra del billete da derecho a una consumición (café, vino, refresco).

6) En ciertas salas ya, se anuncia una participación al finalizar el concierto de los artistas con el público, no obstante habría que generalizar más la idea.

7) El frac, cada vez se utiliza menos son numerosas las orquestas que lo sustituyen  por trajes. Puede que el frac tenga los días contados.

8) Efectivamente hay que trabajar en la confección de programas pensados para toda la familia al objeto de incorporar a todos a esta gran fiesta.

9) Hoy, algunas salas son tan grandes que requerirían, por ejemplo, pantallas de TV como en los macroconciertos de rock para que los asistentes no pierdan  detalles. Recuerdo que ya lo decía Strawinsky: “la música además de oírla hay que verla.”

10) Cada vez son más la salas que alternan en sus programaciones lo clásico con lo contemporáneo pero es necesario abundar más en este asunto para dar oportunidades tanto a las nuevas generaciones de compositores como a los diferentes públicos.

Para finalizar, me da la impresión, en los tiempos que corren que Baldur y muchos más preocupados por este tema, van a tener suerte con sus sugerencias porque los nuevos tiempos exigen sin más demora cambios sustanciales en todo lo que concierne a los conciertos de clásica para subsistir en estos tiempos de crisis.

 

Otoño 2014

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here