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Las Dehesas primeras, junto al Cabecito Pelado

JUAN CASTILLA NAVAS

Cuando Facanias construyó su venta, lo hizo al abrigo de una encina. Durante los calurosos veranos, las caballerías de los viajeros que paraban en su posada descansaban  bajo su sombra. A mediados del siglo XV, el Duque de Medina Sidonia, dueño y señor de estas tierras, mandó poblar las mismas. Para ello, cedió más de 5000 hectáreas de terreno a agricultores y ganaderos que quisieran asentarse en la zona, tierras sobre la que crecían encinas y alcornoques.

Las Dehesas primeras, junto al Cabecito Pelado
Las Dehesas primeras, junto al Cabecito Pelado

Medio siglo después, ante las numerosas quejas recibidas por el Duque sobre los cuantiosos daños que causaban los ganados de Abastos en los terrenos de los agricultores, este dicta una ordenanza donde manda al cabildo señalar unas tierras donde pueda pastar este ganado. Los ganados de Abastos eran los que los carniceros sacrificaban para su venta en el mercado, regularmente se sacrificaban “los machos cabríos”. De aquí le viene el nombre a la “Dehesa de los Machos”.                                             Según nos cuenta Antonio Rico en sus Apuntes para la Historia, a mediados del siglo XVIII, vino a Valverde el Alcalde de Zalamea como juez delegado de S.M. para elaborar y enviar a Madrid un informe sobre un contencioso entre el cabildo y el alcalde de Beas. Este escrito recoge que las encinas llegan hasta las mismas casas de Valverde y escribe lo siguiente sobre nuestra  dehesa: La dehesa de Valverde está formada por 13 suertes de encinas y 9 de Alcornoques. Las de encinas son: “Sitolero”, “La Corte Elvira”, “La Acebuchosa”, “La Peña incada”, “El Romo”, “El Torilejo”, “La Viña”, “La Talañuela”, “Casa Quemada”, “El Peñasquillo”, “El Fresno”, “Las Santas” y “El Pelado”.  Las de Alcornoques son: “Pedro Pascual”, “Ribera de Acá”, “El Cañamal”, “Los Silillos”, “Valjondo”, “Las Medianas”, “Vega Redonda”, “Torviscal”, “El Moro” y “Los Abades”.

Por esta época Valverde tenía una importantísima cabaña ganadera con más de 50.000 cabezas pastando por la dehesa y Los Baldíos, tanto ganado por nuestros campos hizo que la población de lobos creciera enormemente y que los ataques al ganado fueran muy frecuentes, causando graves daños a los ganaderos. Se organizo una intensa campaña contra este carnivoro que hizo surgir la figura del “lobero”, encargado de organizar y llevar a cabo las batidas contra el lobo, este personaje respetado y bien considerado en el pueblo recibía por su trabajo unos jugosos ingresos que le permitía tener una economía saneada. Entre 1729 y 1732 (4 años) se mataron en Valverde 101 lobos y 7 camadas por las que el Cabildo municipal llego a pagar 1.043,52 reales de vellón.

Encina centenaria víctima de la seca de la Encina (Cerca de Cayetano)
Encina centenaria víctima de la seca de la Encina (Cerca de Cayetano)

Con el paso de los años la cabaña ganadera fue descendiendo sensiblemente y en el primer tercio del siglo XX Valverde paso de ser un pueblo agrícola y ganadero a ser un pueblo con una industria incipiente. La zona adehesada también fue decreciendo pasando más del 80%  de su superficie a manos privadas. El lobo, lamentablemente, siguió estando perseguido hasta ser erradicado de nuestro entorno (el último lobo que se mato en Valverde fue en una montería el año 1969).                                                                 Como vestigio de aquella Dehesa Boyal que rodeaba al pueblo, queda nuestra actual dehesa de Las Capellanías situada al sureste de la población, su superficie poblada de encinas y alcornoques debe sobrepasar las 2000 has. También tenemos otras zonas (unas 1000 has) situadas  al norte y oeste del pueblo que han sido repobladas en los últimos veinticinco años por lo que la superficie adehesada de Valverde debe rondar las 3000 hectáreas.

Zona de la Dehesa de Las Capellanías libre de la seca (cerca de Macías)
Zona de la Dehesa de Las Capellanías libre de la seca (cerca de Macías)

La Dehesa es un ecosistema derivado del monte mediterráneo que, a través de los tiempos, ha sido modulado y moldeado por la mano del hombre, que lo transformó en un sistema sostenible y equilibrado en la gestión de sus recursos. Su alto valor medioambiental, su paisaje y su biodiversidad la convierten en una joya de la naturaleza.                                             Nuestra dehesa está compuesta de un bosque aclarado de encinas y alcornoques (algunos Quejigos también crecen en las pocas manchas de bosque mediterráneo que quedan vírgenes en las umbrías que miran al Rio Tinto), con un sustrato herbáceo, salpicado en zonas de barrancos y umbría de matorrales y arbustos típicos de este ecosistema  (jarguazo, tomillo, jara, acebuche, madroño, mortiño y lentisco). El crecimiento del matorral depende de la cantidad de ganado que paste en la zona, o al grado de abandono en que se encuentre; a más ganado más terreno aclarado. Con terrenos generalmente pobres no se suele sembrar, solo se labran determinadas zonas llanas con mayor cantidad de tierra. En algunas cercas se cultiva avena, cebada o trigo, siempre en secano. La mayoría de los años, la cosecha se deja sin segar, como pasto para el ganado y sustento de la fauna cinegética.

La  explotación del corcho, la leña, la apicultura, la cría del cerdo ibérico, las explotaciones de ganado bovino, ovino y caprino, la caza y actividades relacionadas con el medioambiente son los principales recursos a gestionar de la dehesa.

El cerdo ibérico, rey de la dehesa
El cerdo ibérico, rey de la dehesa

Además, la dehesa es el hábitat natural y refugio de un gran número de aves, mamíferos, anfibios y reptiles algunos de ellos en serio peligro de extinción. Rapaces como el águila calzada, el milano, el ratonero, el cárabo o el Búho real sobrevuelan nuestras encinas. El “rabuo”, el mirlo, “la bobita”, “el picacho”, la tórtola o la paloma torcaz anidan en sus ramas.

En zonas de matorral espeso se suelen encamar venados y cochinos, en sus sembrados se revuelca la perdiz y corretea la liebre, en sus canales respingan los pocos conejos que nos quedan y en sus umbrías y barrancos se oculta la seductora dama del bosque: la becada. Reptiles como el lagarto ocelado y la culebra de escalera y mamíferos como el zorro y el meloncillo son comunes en nuestra dehesa. Sin embargo, el gato montés, la gineta y la garduña son cada vez más escasos, pues la falta de conejos les está llevando a una difícil situación. Este es un muestrario de la rica fauna que habita la dehesa que, de otoño a primavera, también nos ofrece un catálogo surtido y variado de exquisitas setas como: los boletus, las “tanas”, el pie azul, el rebozuelo  y como colofón nuestro insuperable gurumelo.

En Andalucía, la superficie adehesada se estima en algo más de 1,2 millones de hectáreas, la mayor parte de ella en la zona noroccidental. Este ecosistema único,  patrimonio de todos, es  el mejor legado que podemos dejar a las generaciones futuras. Pero para ello tenemos que estar alerta y trabajar a tope para prevenir los serios peligros que se ciernen sobre la misma. Los incendios forestales, edificaciones ilegales  y proyectos como el del desvío de la carretera de La Palma a Valverde (felizmente aparcado) pueden acabar con ella. Pero la mayor amenaza que afecta a nuestra dehesa es una enfermedad que ataca a encinas y alcornoques, una maldita enfermedad llamada: la “seca de la encina”.

Zona de la Dehesa cercana a los dólmenes afectada por la Seca de la Encina
Zona de la Dehesa cercana a los dólmenes afectada por la seca de la Encina

El cambio climático, las prolongadas sequias, las altas temperaturas, la sobreexplotación, las malas prácticas silvícolas o el abandono de la dehesa, han ocasionado un desequilibrio biológico que ha actuado como catalizador de un hongo de suelo que ataca a la raíces del árbol, anulando en este la capacidad de absorber el agua y la humedad. Esto causa un deterioro progresivo del mismo, las hojas comienzan a secarse, provocando la muerte lenta de la encina o el alcornoque.

En los últimos 30 años, este mal ha acabado con una cuarta parte de las encinas y alcornoques de Andalucía y cada año ataca con mayor intensidad. Según los últimos estudios científicos publicados,  si no somos capaces de reducir drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero y de controlar el calentamiento global, más pronto que tarde el tercio sur  peninsular se convertirá en una zona árida con un paisaje desértico. Urge tomar medidas; la Administración andaluza debería ser la más interesada e implicarse y tomar la iniciativa  con medidas que incentiven la regeneración del arbolado y la salvación de la Dehesa. En caso contrario, en menos de 40 años estará agonizando este maravilloso ecosistema, un patrimonio de siglos. Un privilegio que no sabemos valorar.                                                                                                                                                                                                                                                                  FUENTES DE CONSULTA.                                                                       (1) – Archivo-Fondo de A. Rico (Apuntes para la Historia).                           (2) –  Archivo Municipal de Valverde – Legajo 336.

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