” No me dejaron ver a mi hijo ni enterrarlo en Valverde”

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    Eloísa y José cuando jóvenes.

    Los casos de niños robados durante el fanquismo se empezaron a conocer hace apenas un año masivamente, ahora empiezan a salir a la luz casos en Huelva. En Valverde, tenemos un caso que extraemos de un reportaje de Huelva Información que reproducimos íntegro:

    TAL día como hoy de 1970 estaba llamado a convertirse en el más feliz para el matrimonio Rodríguez Chamorro. Eloísa había echado cuentas y ya llevaba cumplida unos 20 días. Tenía 24 años. Era su primer embarazo y lo había vivido “con toda la ilusión del mundo”. Estaba todo dispuesto para tenerlo en casa, pero un cúmulo de casualidades desembocó en un fatal e inesperado desenlace.

    La comadrona de Valverde, Concha Gómez, a la que recuerda con cariño, le realizó un reconocimiento y le avisó de que el bebé venía de nalgas. En aquella jornada del 7 de mayo el médico local había viajado a Sevilla “porque era día festivo, el de la Ascensión, así que no estaba en el pueblo”. La partera no se fiaba de acometer sola la tarea. El embarazo podía complicarse y poner en riesgo la vida de madre e hijo. Así que “nos recomendó que fuéramos a la capital y nos dijo que lo único que tenían que hacer en el hospital era dar la vuelta al niño”.

    Era de madrugada. Fue la propia comadrona la que “en su coche, un 600, nos llevó a mi madre, a mi marido y a mí a Huelva”. La comitiva arribó al Manuel Lois a las 05:00. Los dolores de parto de Eloísa Chamorro se iban intensificando. “Decían que era primeriza, como si mis dolores tuvieran menos importancia”. De hecho, hasta las 11:30 no entró a paritorio.

    “Me vio el médico y me dijo que iban a practicarme una cesárea vaginal”, es decir, una episiotomía (corte en la vagina para agrandar la apertura y facilitar la salida del bebé). Para llevar a cabo la intervención, “me anestesiaron”. Pero no del todo. Eloísa recuerda varios pasajes del nacimiento de su hijo, como los nombres de pila de los dos médicos que la atendieron. O que utilizaron forces para extraerle a su primogénito. Y que “me dijeron que todo había salido muy bien, que era un niño, estaba sano y era muy hermoso”.

    Tras el alumbramiento, la condujeron a una sala de recuperación. Allí pasó unas quince horas, hasta que poco a poco fue recuperando la consciencia. La valverdeña despertó en medio de una pesadilla. En lugar de júbilo y felicidad por el nacimiento, se topó con caras de susto y un mar de lágrimas resbalando por las mejillas de José y de su madre.

    “Nadie vino a decirme a mí que mi hijo había muerto”, subraya. Su familia se lo fue explicando como pudo, con palabras que brotaban a trompicones, asfixiadas por el corazón encogido.

    Sintió cómo el cielo se derrumbaba sobre su cabeza y sólo deseaba que se la tragara la tierra. “Pedí que me permitieran ver a mi niño”, pero como en la mayoría de casos “no me dejaron, tampoco a mi marido ni a mi madre; nos dijeron que mejor no verlo para no tener mal recuerdo, que yo era muy joven y podía tener más, y que el hospital se hacía cargo del entierro… en fin, lo que nos decían a todas”. Chamorro deja claro que por mucho que insistieron, “entonces los que mandaban eran ellos y lo que decían un médico o un cura iba a misa”.

    Tres días más tarde de la tragedia dieron el alta a Eloísa. Ese mismo 10 de mayo del 70 “nos indicaron que enterrarían a nuestro niño a los pies de una persona mayor que había fallecido y mi marido volvió a insistir en que quería verlo, pero no hubo forma; si nos hubiese cogido con más años de experiencia y como hoy está la vida, yo veo a mi niño aunque hubiese sido a gatas, porque ese recuerdo no se me quitará a mí del cuerpo mientras viva; me vine aquel día a Valverde con mi pena y sigo con ella”.

    José y Eloísa siempre han “tenido en el pensamiento, dándonos vueltas, que nos habían robado al niño”. El sentimiento continúa vigente 42 años después: “A mí no se me va mi hijo de la cabeza, aunque haya tenido tres más”. El tiempo no ha aplacado el dolor un ápice. El año pasado, a través de los medios de comunicación, se dieron de bruces con la realidad y “nos dijimos en voz alta que somos víctimas de un robo, igual que los demás”.

    Fueron de los primeros en denunciar en Huelva su caso en los tribunales. En primer lugar, el matrimonio subraya que en el cementerio consta que el niño, al que iban a bautizar como José Eloy, “se enterró el día 9 de mayo del 70, y no el día 10 como nos dijeron, en una fosa común”. Recuerdan que antaño corría el rumor de que el hospital pagaba el sepelio en caso de que la familia no tuviera recursos, “pero a mí nunca me preguntaron si yo era o no pudiente o si tenía a alguien que me dejara el dinero para enterrar a mi niño en Valverde”. Además, la orden de defunción “está firmada por un hombre que no es mi marido, quizá de la funeraria, ¿pero desde cuándo se entierra a alguien sin la firma o el consentimiento de un familiar?”.

    En el Manuel Lois les expusieron que el recién nacido tenía el rostro desfigurado por los forces, pero nadie abrió la boca sobre la causa real de su supuesta muerte. El legajo de aborto tampoco es muy esclarecedor. “Lo único que pone es: “Un feto”; sin más”. Son, apunta Eloísa, “cosas muy sospechosas”.

    El fiscal jefe de Huelva, Jesús Jiménez Soria, vio indicios de delito en el caso y lo elevó al Juzgado de Instrucción 3 de la capital, que finalmente decidió su archivo provisional por prescripción. Sin embargo, la Sección Tercera de la Audiencia onubense se pronunció a favor de los Rodríguez-Chamorro a principios de año y revocó la decisión del juez (por primera vez en la provincia de Huelva), ordenando la reapertura de la causa, que ahora será derivada a un juzgado de Valverde del Camino para que prosiga la investigación.

    El matrimonio no sabe si hallará a su hijo con vida, pero “luchamos porque se sepa la verdad y porque esto no le vuelva a pasar a nadie más; ¿saben lo que es tener la ropita, el cochecito, todo preparado para tu primer hijo con toda la ilusión, dar a luz y venirte a casa con el neceser en la mano llorando; es muy duro, yo eso no se lo deseo ni a mi peor enemigo”, afirma con la voz entrecortada. Eloísa sentencia que “los culpables de esto se han hinchado de ganar dinero a costa del sufrimiento de los padres”.

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