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En el Parque de elefantes, 30 junio 2012

JESÚS COPEIRO

Nació en Sevilla el 24 de julio de 1974 y de padres valverdeños, Mercedes Sánchez Domínguez y José Manuel Cejudo Tocino. El padre trabajaba en el Banco Central Hispano en Fuentes de León (Badajoz), muy cerca de la serranía onubense. En dicho pueblo Mercedes realizó la enseñanza primaria y en el Instituto de Fregenal, la secundaria, pero todos los fines de semana bajaba con sus padres a Valverde. Hizo la carrera de Filología inglesa en la Universidad de Huelva y al prejubilarse el padre, la familia regresó a Valverde en el año 2001.

Desde que terminé la carrera en 1999 estuve dando clases particulares de inglés. Pero siempre quise dedicarme a la traducción, así que no lo pensé cuando en 2007 me llamaron para trabajar en la mina de Aguas Teñidas. Mi labor fue administrativa, distribuía la documentación entre los ingenieros, elaboraba todo tipo de informes en ambos idiomas y tomaba actas bilingües y traducciones en las reuniones. Allí conocí a David John Eckersley, un inglés de Manchester, ingeniero mecánico, jefe de obra de la planta de mineral y mi pareja desde 2008. Tres meses después volvió a Inglaterra. Yo seguí en Aguas Teñidas, pero era hora de tomar una decisión, la de estar juntos. Dejé todo, familia, amigos, trabajo. Así que el 6 de agosto de 2009 tomé un avión a Glasgow y de allí a Largs, en la costa suroeste de Escocia, donde vivimos dos años y medio.

El único problema era el frío, el viento y claro, siendo Escocia, la lluvia. Nunca llegué a acostumbrarme al clima, necesito el sol para vivir y tanta agua me deprime. Por lo que recibí con mucha ilusión la noticia de nuestra mudanza a Sudáfrica. Era un cambio radical, dejaba Europa para vivir en un país al que jamás pensé que tendría la oportunidad de ir en mi vida.

Foto 1: Mercedes Cejudo con una cría de cocodrilo. Parque de cocodrilos en Sudáfrica, 24 junio 2012
Mercedes Cejudo con una cría de cocodrilo. Parque de cocodrilos en Sudáfrica, 24 junio 2012

Johannesburgo

El 6 de enero de 2012 nos mudamos a Johannesburgo o Joburg, como aquí lo llaman, tras once horas de avión desde Londres. Fue fundada en 1886 tras el descubrimiento de oro en la región y aunque no es la capital, es la ciudad más poblada y el principal centro económico y financiero del país. Lo primero que recuerdo, a parte de la sensación de mareo que duró tres días debido a la altitud (1.750 m), fue el calor. Pleno verano en enero, sobre todo viniendo de Inglaterra, fue genial. Entonces pensé que me iba a gustar vivir aquí después del frío pasado en Escocia. Brian, el chófer de la empresa, un chico negro encantador, nos esperaba en el aeropuerto para llevarnos a casa. Al acercarnos a la ciudad por la autopista me di cuenta de la realidad. Sudáfrica es conocida por la gran diferencia que hay entre las clases sociales.

Alrededor de la ciudad estaban los barrios pobres o townships (casitas pequeñas de ladrillos con su tejado de uralita, las mejores; o chabolas de lata, las peores) y en el mismo paisaje, más al fondo, un montón de edificios altos, cada cual más lujoso. Muchas familias carecen de agua, de electricidad, de un retrete y menos aún de una cisterna. Este es uno de los problemas principales del país. Los negros de los barrios pobres no tienen dinero para dar estudios a los hijos, por lo que tendrán que trabajar de lo que puedan, eso si encuentran trabajo, lo que lleva a la alta criminalidad existente en la ciudad. Brian nos iba contando cómo se vivía en los barrios pobres y que ni se nos ocurriera ir allí solos y menos de noche. Que si algún día nos perdíamos y dábamos con uno de estos barrios, volviéramos atrás lo antes posible. También nos aconsejó no andar por Hillbrow, el antiguo centro financiero de la ciudad. Las empresas allí establecidas tuvieron que mudarse a otra zona debido a la alta criminalidad.

Mercedes y Dave en un restaurante africano, 10 febrero 2012
Mercedes y Dave en un restaurante africano, 10 febrero 2012

Residimos en Esprit Estate, un complejo residencial cerrado y con una verja electrificada de seguridad encima del muro. El complejo está situado en la parte norte de Joburg, en el barrio de Wendywood, una de las mejores zonas de la ciudad. La empresa de Dave intenta que sus trabajadores residan en algún complejo residencial por cuestiones de seguridad. El complejo dispone de viviendas, gimnasio, piscinas, pista de tenis y baloncesto, restaurante y hotel.  En el complejo residen europeos, sudafricanos blancos y negros pudientes. No todos los negros son pobres, la mayoría de las mansiones y coches deportivos que se ven pertenecen a gente negra. 

El plan de los fines de semana es un poco de turismo durante el día, cenar en algún lugar típico (como en la plaza de Nelson Mandela) y después ir de copas por diversos centros de ocio. El grupo de amigos lo forman gente de la empresa e ingenieros de otras empresas, hay veces que nos reunimos más de veinte personas para salir. A quince minutos en coche están las reservas de animales, como el Parque de cocodrilos, la Reserva de elefantes y el Parque de los leones, donde tienes la oportunidad de tocar a los cachorros.

En el Parque de elefantes, 30 junio 2012
En el Parque de elefantes, 30 junio 2012 

La vida aquí es muy diferente a la de Europa. Joburg, al ser tan grande, no es una ciudad amiga de paseos. Sólo el área de Sandton, donde está el centro financiero y los edificios lujosos, presenta el aspecto de una ciudad normal. Las distancias son grandes y la mayoría de las calles no tienen aceras para poder caminar, por lo que hay que ir por caminos de arena o campo a través. Como no es seguro, se necesita el coche para ir a todos sitios. Lo más lejos que puedes ir andando, sola y segura, es al centro comercial más cercano que está a cinco minutos y siempre de día. Aquí reina la ley de la calle y no va a ser un simple atraco como en España, la mayoría llevan armas y no dudan en usarlas, la vida no tiene precio para ellos.

Coche propio o en taxi

Con respecto a la seguridad, siempre que sea uno cauteloso y sensato puede ir a todos sitios con total libertad. No nos privamos de nada que la ciudad ofrezca y yo salgo cada vez que lo necesito. El transporte público brilla por su ausencia, de forma que si no queremos utilizar nuestro coche hay que moverse en taxi. Nos hemos hecho con una compañía de taxis de confianza, con taxímetro en el vehículo, por lo que no abusan como otros, que cobran lo que quieren. Siempre llamamos al mismo taxista y él nos organiza los coches que necesitamos. Con él vamos de marcha, al súper y al médico. También están las viejas furgonetas microbús que utilizan los negros, hacen siempre el mismo recorrido y es el transporte más barato. Puedes ver en la carretera a mucha gente haciendo cola para coger uno; la parte negativa es que hay que esperar a que el taxi esté lleno para que parta, por lo que a veces es una espera de horas. La empresa nos desaconsejó su uso, por seguridad.

Con Clement, el taxista negro y su vehículo
Con Clement, el taxista negro y su vehículo

Vida social

Ya que no trabajo, intento ocupar mi tiempo de manera productiva, repaso el francés, el alemán y hago un curso de diseño de páginas web. Cuando llega Dave, quedamos con sus compañeros. No me puedo quejar de vida social, eso sí, todos los amigos son ingleses o de habla inglesa (sudafricanos blancos), por lo que se echa de menos una conversación en tu idioma. La vida se desarrolla en torno a los centros comerciales y de ocio, como el Sandton City Shopping Centre, el más grande, donde puedes comprar de todo, ir al cine o de bares. Pero hay muchos otros y los fines de semana están todos abarrotados.

 Comida africana

La moneda al uso es el rand (su nombre viene de los primeros yacimientos de oro encontrados en Sudáfrica) y 1 euro equivale a unos 10 rand. El país no es barato pero depende de lo que vayas a comprar. Las tiendas de ropa normalmente son caras  y todo lo que se refiere a electrónica o cosmética está por las nubes, aunque también puedes recurrir a marcas locales más baratas. Pero en lo que si se nota la diferencia es en la comida. Es mucho más barato salir a cenar que comprar la comida en el supermercado. Increíble pero cierto. Hay restaurantes de todo tipo, los de comida africana utilizan carne de cordero, buey, ternera, pollo y avestruz. La cerveza está en torno al euro y pico, pero el vino o la ginebra se va de precio. Se bebe mucho un vino espumoso o champán sudafricano y la botella sale a 20 euros. Es obligatorio dejar un mínimo del 10% en propina, algo a lo que yo no estaba acostumbrada.

Una de las costumbres son las barbacoas o braai como aquí se les llama y debido a la calidad de la carne sudafricana, una delicia. La persona que las organiza nunca sabe cuánta gente irá porque en las braai todo el complejo está invitado; es una forma de reunirse y hacer vida social.

Plaza de Nelson Mandela en Sandton, con boutiques, restaurantes y bares al aire libre
Plaza de Nelson Mandela en Sandton, con boutiques, restaurantes y bares al aire libre

Población e idioma

Joburg tiene actualmente una población de 3,2 millones de habitantes, de los que el 80% es de raza negra y hablan diferentes lenguas bantúes, como el zulú, xhosa, tswana y tsonga. La raza blanca es minoritaria, pero en la zona donde vivimos es la que predomina. Hay once idiomas reconocidos como oficiales. Dos de ellos son de origen europeo: el Afrikaans, que proviene del holandés y es el que hablan los sudafricanos blancos, y el inglés, que es el idioma comercial y el que se habla en la calle entre las diferentes razas. La gente negra te enseña su enorme sonrisa blanca y te saluda y pregunta cómo estás, te desean un buen día y te dan las gracias por saludarles. Sí, es un largo saludo cada vez que te encuentras con alguien, pero resulta muy agradable. Lo que me llama profundamente la atención es el “respeto” con el que te hablan. Me refiero a los negros en supermercados, jardineros o limpiadoras, te hablan muy bajito como si les diera vergüenza y apenas les saliera la voz. Aunque no sé si respeto es la palabra adecuada o que aún sienten que el blanco es el “amo”. En cambio, en las zonas de ocio tanto negros, como los mismos sudafricanos blancos te tratan de tu, sin importar raza o idioma. Es increíble que un país con una historia de segregación no tan lejana, haya avanzado tanto en tan poco tiempo.

La estatua de bronce de Nelson Mandela, en la plaza de su nombre, mide seis metros de alto
La estatua de bronce de Nelson Mandela, en la plaza de su nombre, mide seis metros de alto

Rugby

Fui a un concierto de Leyendas negras sudafricanas con el cantante americano Usher, en el estadio de Orlando, en la township de Soweto. Los blancos se podían contar con las manos y aunque tengo que reconocer que estaba algo nerviosa por ir de noche a ese lugar con un estadio repleto de gente, fue una velada genial. Conocimos a un montón de gente encantadora, todos negros, por supuesto.

El otro acto al que asistí hace poco fue a uno de los partidos de rugby entre Inglaterra y Sudáfrica. Fue en el estadio Ellis Park, de Hillbrow, sí, el centro de la ciudad, una zona no muy recomendable como ya dije. Ese día llegamos al estadio con nuestra compañía de taxis, como siempre. La calle era una marea de gente blanca con los colores del equipo sudafricano. El centro de Joburg era blanco por un día, con todo mi asombro. El rugby es el deporte más importante en Sudáfrica, bueno no es sólo un deporte sino que gracias a Nelson Mandela (un dios aquí) representa la unidad de la población, la consolidación de la democracia en Sudáfrica. Lo sienten muy dentro pero lo curioso es que es un deporte en el que la afición es mayoritariamente blanca y en el equipo sólo hay dos jugadores negros. Allí ese día nadie hablaba inglés, sino Afrikaans. Fue un día genial y de nuevo sin ningún problema.

El tiempo de permanencia previsto en Sudáfrica es en torno a unos 2 ó 3 años. Estoy disfrutando mucho de mi estancia aquí aunque echo de menos Valverde, el pescaíto y las gambas de Huelva. Sólo falta que mi familia y mis amigos se decidan a venir, no se arrepentirán.  

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