Mayte Vizcaíno, Valverdeños en Haití

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Mayte Vizcaíno en Haití, febrero 2013

Hija de Javier Vizcaíno y Gracia Callejón, Mayte nació en Granada en 1979 y con seis años se traslada con su familia a Valverde por motivos laborales. Estudió EGB en Los Molinos y en María Auxiliadora,  siguió su formación en el Instituto Diego Angulo y se licenció en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Sevilla. Trabajó en Madrid con IBM e hizo un máster de comercio exterior que le abrió las puertas a un año en la oficina de promoción exterior de la Junta de Andalucía en Buenos Aires (Argentina), como técnico de comercio internacional. Sin embargo, el mundo empresarial no es lo que más la gustaba y decidió dar un cambio para dedicarse profesionalmente a temas sociales y de cooperación, algo que ya había iniciado en su vida personal. Durante más de cinco años trabajó en una fundación dedicada a la cooperación internacional donde tuvo la oportunidad de disfrutar y aprender durante sus estancias en Marruecos, Bolivia y Ecuador, y de realizar un máster de cooperación.

 

Mayte Vizcaíno en Haití, febrero 2013
Mayte Vizcaíno en Haití, febrero 2013


 

 

En Haití

 

El 3 de diciembre de 2012 tomé un vuelo rumbo a Haití -afirma Mayte Vizcaíno- donde actualmente resido. La extensión de este país caribeño es de 27.750 km2 (algo menor que Galicia) y su población ronda los 10 millones de habitantes. Casi una tercera parte de ésta vive en la capital, Puerto Príncipe, una ciudad que sin duda sobrepasa su capacidad en muchos sentidos: habitabilidad, servicios públicos, red de transporte, lo que la convierten en un lugar en el que se hace difícil vivir en condiciones dignas. Puerto Príncipe ha ido creciendo sin concierto, amontonando residencias en barrios que no tenían capacidad y poblando la montaña sin planificación urbanística alguna, lo que pone en serio peligro a quienes se instalan allí. El terremoto del 12 de enero de 2010 agravó esta situación al destruir las infraestructuras y no dejó más alternativa que el levantamiento en pocos días de una nueva ciudad bajo plásticos…. y sus consecuencias (basuras, aguas residuales, propagación de enfermedades).

 

Rodeada de niños haitianos en Saint Louis du Sud
Rodeada de niños haitianos en Saint Louis du Sud

 

Jacmel

 

Pero ni Puerto Príncipe es solo eso, ni Haití es solo Puerto Príncipe. PaP, como se la conoce, es una ciudad viva, con cierta oferta cultural y de ocio, con gente trabajadora que intenta hacerse un hueco. Y como digo, en Haití también se encuentra Jacmel, donde vivo, una bonita y tranquila ciudad en la costa sur, a unos 100 km de la frontera con República Dominicana. El aquí llamado mar de las Antillas (mar  Caribe) da forma a sus playas. Los cocoteros que parecen querer alcanzar el cielo azul son parte del paisaje. Sus edificios coloniales, aunque bastante afectados por el terremoto, dan un aire de melancolía y recuerdan un pasado mejor. Sus niñitas que van o vienen del cole con la cabeza llena de lacitos te hacen sonreír. Disfruto observando el ritmo de la vida; la imagen típica de las mujeres en los bordes de las calles con barreños, cubos y lo que haga falta en sus cabezas; sonrisas blancas, grandes; el mar celeste intenso; muchas cabras, gallos y algún cerdo y alguna vaca por todos lados. Me gusta vivir también con 12 horas de luz eléctrica (en la oficina hay luz siempre) y me da cierto orgullo haberme relajado con las normas de seguridad alimentaria (lavado de frutas y verduras, ingesta de carnes y pescados, cubitos de hielo). Me encanta estar aquí.

 

ONG

 

Participo en un proyecto europeo de una ONG española (Solidaridad Internacional). Mi función principal es la elaboración de un sistema de seguimiento de la situación de seguridad alimentaria. Haití se enfrenta a un problema alimentario, ya que la existencia de alimentos y el acceso a los mismos no se dan para gran parte de la población. Por esto, y porque gran parte de la población depende de la agricultura, en una zona donde las tierras de cultivo están muy afectadas por la deforestación y la fuerza del agua, trabajamos en tres frentes: medio ambiente, producción agrícola y sociedad civil. 

 

Subida en un taptap, en Gonaïves
Subida en un taptap, en Gonaïves

Transporte urbano

 

Tuve la suerte de encontrar casa a unos cien metros de la oficina, lo que, entre otras ventajas, me permite ir andando. El transporte interurbano por excelencia en la ciudad son las mototaxis, en las que normalmente van dos personas y el conductor, aunque he llegado a ver hasta cinco pasajeros. El precio es de 0,25 euros. Por prudencia y comodidad, yo suelo ir sola. Otra opción, si sales del centro y te alejas un poco de Jacmel, son los taptaps, que son pick-up adaptados y coloridos, donde junto a más de una docena de personas pueden mezclarse sacos de cereales, carbón, sillas, animales, etc. No es común que los blancos usen taptaps, pero a mí me gustan, porque permiten entablar alguna conversación, tocar de alguna manera la vida haitiana, compartir un rato. Y creo que a ellos les hace gracia vernos ahí. “Huy, aquí hay muchos blancos” dijo un haitiano cuando subió y me vio junto a un par de colegas. 

 

Idioma

 

Volviendo a mi día, el horario de trabajo es de 8 h a 18 h, con una flexibilidad lógica y con el tiempo que necesitemos para comer. En la oficina somos 8 personas haitianas, 4 españolas, 1 alemán, 1 francés y 1 italiano. El idioma oficial de trabajo es el francés, con la gente española hablo en español, salvo si está presente alguna persona haitiana, situación en la que cambiamos al francés, aunque entre ellos hablan creol, y mis compañeros francés y alemán hablan entre sí a menudo en inglés.  Leo documentos en español y francés principalmente aunque también se cuela alguno en inglés, y por falta de conocimientos no descifro otros que me llegan en creol. Pero pronto me atreveré porque voy a clases de este idioma desde hace tiempo.

 

En el mercado de Jacmel, marzo 2013
En el mercado de Jacmel, marzo 2013

 

Comida

 

Las comidas pueden ser un poco monótonas, pero son más nutritivas que en otros países en los que he estado. El arroz forma parte de la dieta básica y principal. Suelen mezclarlo con judías rojas, y a veces añaden pescado, pollo, cabra o ternera. Los espaguetis son también muy comunes para desayunar, aunque los blancos lo tomamos a medio día.

 

Hablando del arroz, tengo que hacer al menos una breve referencia al control que Estados Unidos tiene sobre Haití y afirmar que la situación de pobreza y el colapso económico en que se encuentra, se deben en gran parte al dominio imperialista. Un ejemplo: hasta los años ochenta Haití producía arroz suficiente para alimentar a su población e incluso lo exportaba, pero tras el golpe de estado de 1991, sostenido por Estados Unidos, este país obligó a Haití a importar arroz estadounidense subvencionado, destrozando así la economía, y la vida, en este maltratado país.

 

Despedida

 

Respecto a “la distancia”, la llevo bien. El primer mes se hace difícil pero luego me adapto y hago de donde estoy, mi sitio. Echo de menos a mi gente y a mi pareja, y siento perderme acontecimientos (el no poder estar en el nacimiento de mi primera sobrina), pero cuando vuelvo tengo la sensación de que han guardado mi silla y me reengancho a lo que dejé. Dejo temas sin tocar como la música, el orgullo haitiano, un poco de historia, viajes que he hecho, la cooperación… pero creo que ya es momento de terminar. Mando un abrazo a mis niñas principalmente, de las Salesianas primero y del Instituto después, porque son protagonistas de una época de mi vida, y saben que a pesar del tiempo y la distancia siguen siendo importantes para mí. Y a mi familia, que siempre está ahí.

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