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Niebla, perla del Condado, ciudad monumental a orillas del Tinto, crisol de culturas, origen romano y esplendor árabe, famosa por su impresionante recinto amurallado y por la leyenda que nos dice que fue entre sus muros donde por primera vez se utilizo la pólvora en occidente. Fue durante la batalla por la reconquista de la ciudad por parte de Alfonso X “El Sabio” el año 1262. Cuentan que la pólvora fue empleada por primera vez como arma defensiva por las huestes de Ibn Mahfüz, caudillo árabe de la ciudad sitiada. Hay historiadores que ponen en tela de juicio estas fuentes argumentando que no hay documentación suficiente que acredite estos hechos. Lo que sí parece claro, es que fueron los árabes los que a través del Magreb introdujeron la pólvora en la península Ibérica, donde se comenzó a utilizar a partir de la segunda mitad del siglo XIII.

El suceso que aquí vamos a contar, es muy posterior, también tiene relación con la pólvora y con Niebla y está documentado, aunque quizás sea poco conocido y menos divulgado. Ocurrió hace 74 años, y nos referimos al terrible incendio acaecido en el polvorín de la ciudad de Niebla el caluroso día 11 de Agosto de 1943. La pólvora (su incendio y explosión) fue la causante de uno de los sucesos más trágicos ocurridos en nuestra provincia desde el final de la Guerra Civil

La España de la época.

Corría el año 1943, cuatro años después del término de la Guerra civil, en plena Guerra Mundial donde España se había declarado neutral. El régimen se mantenía al margen de las hostilidades pero su simpatía y colaboración estaban del lado de las potencias del Eje, tanto es así que fueron miles de españoles (La División Azul) los que marcharon con los alemanes a combatir al comunismo al frente oriental, donde la mayoría quedaron atrapados, padeciendo y sufriendo las terribles condiciones meteorológicas del gélido invierno ruso. A comienzos de octubre de 1943, viendo el rumbo que estaban tomando los acontecimientos, el gobierno de Franco decide repatriar lo que quedaba del contingente que seguía combatiendo en Rusia.

1943 fue un año de consolidación del régimen, el Gobierno inicio la construcción de numerosas infraestructuras, se reformaron edificios, y se establecieron planes para la construcción de viviendas sociales (casas baratas). Gracias a la ayuda de Argentina que nos enviaba carne y trigo, se intentaba paliar la miseria y el hambre que padecian la mayoría de españoles (los días de suministro de carne se repartía 100 grs/ por persona a aquellas cartillas que tenían cupón de racionamiento). El café nos lo enviaba el dictador brasileño Getulio Vargas y los días de suministro se repartían 200 grs por persona a las cartillas de 1ª categoría al precio de 4 ptas con 35 cts la ración y 100 grs por persona a las cartillas de 2ª categoría al precio de 2 ptas y 5 cts la ración. La prensa realzaba las excelencias del régimen y se cantaban las hazañas deportivas y las gestas de los toreros. Este año el Ath. de Bilbao quedo campeón de liga y copa, era el dominador del futbol español. El NO-DO creado ese mismo año como medio informativo del régimen glorificaba las hazañas de un niño prodigio de nuestro deporte: Arturito Pomar que años después se convertiría en gran maestro internacional del ajedrez. El Jefe del Estado Generalísimo Franco inicio este año una serie de visitas a distintas provincias y ciudades de España, entre ellas a varias andaluzas. Para el 4 de mayo de 1943 se programo una visita a Huelva capital, donde se le tributaria un caluroso recibimiento y se le rendiría un gran homenaje con la entrega de la espada de la “Victoria”. Para la preparación de los fastos, La Falange que ostentaba el poder y el control político y social en los pueblos, ordeno a los jefes locales que organizaran viajes con estudiantes y trabajadores para la concentración en Huelva en honor del Caudillo. El Jefe Provincial, envió carta al jefe local de Valverde donde le ordeno que desde el pueblo tenía que salir un tren con 400 personas que debían estar a las 7 de la mañana en la zona de los muelles del puerto de Huelva. Se organizo un tren especial (con escolares desde 11 años a obreros de 60) que partió de la estación de Valverde a las 5h y 20m de la mañana y regreso de Huelva a las 9h y 15m de la noche. Al llegar a Huelva se les entrego a cada uno de los asistentes un “chusco” de pan, un trozo de chorizo y un huevo duro. Se dio la circunstancia que muchos de los huevos estaban “gorones” y más de uno, en vez de un huevo duro se comió un “Pollito” cocido. La concentración llego a reunir en la zona de los muelles a más de 20.000 personas. Después de las 11 de la noche llego el tren de regreso a Valverde. La “tropa” venia rendida y cansada de cantar “El cara al Sol” y gritar “Viva Franco” y “Arriba España”.

El Polvorín de Niebla.

A finales de septiembre de 1936 una vez terminada la ocupación de la provincia de Huelva por las fuerzas sublevadas, el ejército del sur decide instalar un polvorín en la provincia, para ello se busca un lugar situado entre Huelva y Sevilla cercano a una vía de comunicación. En las inmediaciones de Niebla, existían unos locales (antigua bodega) situados justo a la espalda (unos 20 metros) de la estación de Niebla en la línea del ferrocarril Sevilla-Huelva, principal vía de comunicación entre estas dos ciudades, este fue el lugar elegido para instalar el Polvorín de Niebla. El complejo contaba con un grupo principal: los polvorines 1, 2 y 3 situados en un amplio local de una antigua bodega propiedad de los hermanos Francisco y Pedro Pérez de Guzmán y Urzaiz vecinos de Huelva, que los cedieron (sin recibir renta alguna) en usufructo al general Queipo de Llano en octubre de 1936 hasta el término de la guerra civil. Separado de este grupo y con un patio de por medio se encontraba otro polvorín el nº 4, estaba adosado a la cuadra del mulo del destacamento, el local era propiedad de Ángel Muñoz Díaz vecino de Moguer, se ocupo en enero del 37 pagando una renta mensual de 40 ptas. Estos cuatro polvorines estaban rodeados de una alambrada que no permitía el acceso a los mismos. Fuera del recinto alambrado existía otro almacén destinado a dormitorio de la tropa, era propiedad de José Pérez Domínguez vecino de Bonares, se ocupo en marzo del 39 y cobraba una renta de 25 ptas/ mes. El local destinado a casa del jefe del destacamento, cocina, almacén de víveres y oficinas, estaba situado frente a la estación, al otro lado de las vías, a unos 150 mts de los polvorines, era propiedad de José Ibáñez Huertas y se ocupo a partir de Abril de 1938, pagando una renta mensual de 50 ptas. Estos polvorines contaban con un destacamento militar de 60 hombres dependientes de la Real Maestranza de Artillería de Sevilla y estaba formado por 1 brigada (Jefe del destacamento), 1 maestro Artificiero, 5 cabos y 53 artificieros de segunda. De este personal se nombraba un servicio de vigilancia y seguridad que guardaba el perímetro alambrado y que estaba formado por siete hombres y un cabo, nombrándose dos puestos de vigilancia durante el día y tres en la noche. Este servicio de vigilancia era el encargado de recoger los mecheros, cerillas, tabaco y cualquier objeto considerado peligroso que portara el personal autorizado a trabajar en los polvorines.

Las Pólvoras

En los polvorines se almacenaban gran cantidad de `pólvoras de distintos tipos y de diferentes procedencias. En los locales 1, 2, y 4 se almacenaba Nitroglicerina y nitrocelulosa de procedencia nacional (Galdacano) y extranjeras (alemanas e italianas) y otras sobrantes y de recuperación de la guerra civil. En el polvorín nº 3 se almacenaba pólvora negra y cilindros especiales para la carga de granadas de metralla. El día del trágico suceso los polvorines almacenaban más de 530 toneladas de estas pólvoras y más de 30 toneladas de Discos, cilindros y opérculos para granadas. De esta enorme cantidad de explosivos, ardieron el día de autos más del 90%. Solo quedaron por arder 34 toneladas del polvorín nº 4, esto nos puede dar una idea de las enormes proporciones que tuvo que alcanzar el incendio.

El 11 de agosto de 1943.

Aquel verano del 43 fue muy caluroso, durante varios días del mes de agosto las temperaturas alcanzaron los 40º centígrados. En los hospitales sevillanos se atendían diariamente a personas afectadas por golpes de calor. El 11 de agosto amaneció un día muy caluroso, con un sol de justicia, en Sevilla se midieron 51,6º al sol y 40,2º a la sombra. En el centro de la ciudad falleció a consecuencia de un golpe de calor Francisco Gallego (La Vanguardia 12-08-1943). Ese día en el polvorín de Niebla el personal presente en el destacamento militar era el siguiente: el Brigada jefe del Destacamento D. José Osuna Leiva, natural de Ferrol de 30 años de edad, 2 cabos jefes de guardia y 33 artificieros, el resto del personal se encontraba de vacaciones, permisos varios o baja por enfermedad. Entre el personal de servicio se encontraban 3 soldados valverdeños: el cabo Manuel Noguera Castilla de 22 años y los artificieros José Manuel Cejudo Sánchez (Joselito el de Martin) de 22 años y Francisco Doblado Sánchez de 23 años. Manuel Noguera, residía en la calle Sevilla nº 5, de profesión panadero. El artificiero José Manuel Cejudo, vivía en la calle Queipo de Llano, nº 28, de profesión tablajero (carnicero). El artificiero Francisco Doblado Sánchez, vivía en la calle Menéndez y Pelayo, de profesión agricultor (fallecido en enero de 1989). Ese día 11 de agosto se trabajaba en el polvorín nº 1, un trabajo que se realizaba con cierta frecuencia en los polvorines, consistía en la clasificación por fechas de fabricación y colocación en pilas diferentes de los paquetes de la “Pólvora L” de Galdacano. Operación necesaria para facilitar los posteriores trabajos del taller de confección de cargas. En estos trabajos que se realizaban en el polvorín nº1 se encontraban con otros compañeros, el cabo Manuel Noguera Castilla y el artificiero José Manuel Cejudo Sánchez. El otro valverdeño Francisco Doblado Sánchez había estado de guardia (vigilancia) hasta las 12 del mediodía y en el momento del producirse el terrible suceso se encontraba dentro de la batería del personal con el cabo saliente.

El terrible incendio y las victimas del mismo.

Desde primera hora de la mañana del día 11 se estaban realizando en el polvorín nº 1 y en presencia del brigada Jefe, los trabajos de clasificación y apilado de las “pólvoras L” de Galdacano, a las 11,30 horas se hizo un receso para dar descanso al personal, saliendo todos del polvorín. El Brigada se dirigió a su oficina a redactar un informe y el resto de los soldados a su batería a descansar, tomar un refrigerio o fumar un cigarrillo. A las doce el maestro artificiero Antonio Pilar Marchena, dio por terminado el descanso y volvió con la tropa a trabajar al polvorín nº 1, quedándose el brigada en su oficina terminando el informe y según contó estaba en ello cuando sobre las 12,30 horas percibió un calor sofocante, se extraño y salió a la puerta a ver de qué se trataba, viendo como el polvorín grande (nº 1) estaba en llamas, saliendo rápidamente a socorrer a los soldados y al personal herido que pavoridos huían de las llamas. Intento poner a su disposición todos los medios a su alcance para sofocar el fuego, pero la explosión del nº1 y su rápida propagación al nº 2, le confirmo que sin mayores medios y ayuda no podría controlar la situación y salió a avisar a las autoridades del pueblo que recabaran auxilio y refuerzos, avisando a las autoridades de Huelva y Sevilla de lo que estaba ocurriendo. Los primeros en llegar (sobre una hora después de iniciarse el incendio) fueron las autoridades de Huelva, los bomberos y refuerzos de infantería, minutos después de llegar estos hacia explosión el polvorín nº 3 (almacenaba la pólvora negra). Los Jefes y refuerzos de la Real Maestranza de Artillería de Sevilla llegaron sobre las 15 horas prestando su colaboración y ayuda a las unidades de infantería de Huelva y al cuerpo de bomberos a salvar el polvorín nº 4 que estaba empezando a ser alcanzado por las llamas que consumían la cuadra. Horas después se dio por controlado y extinguido el fuego. Este siniestro produjo 21 víctimas mortales (16 militares y 5 civiles) y 36 heridos (15 militares y 21 civiles) la mayoría grave o muy grave. Entre los militares muertos, dos valverdeños: Manuel Noguera Castilla (cabo) y José Manuel Cejudo Sánchez (artificiero). Entre los heridos, otros dos valverdeños: 1 militar, el artificiero Francisco Doblado Sánchez, que resulto con graves quemaduras en ambas manos, pierna, cadera, codo y nuca, y 1 civil Gregorio Malave Malave de 24 años, de profesión aserrador que trabajaba en un depósito de maderas (cercano a la Estación de Niebla) propiedad de D. Manuel Rodríguez y que resulto con quemaduras leves, fue atendido en el Hospital Provincial de Huelva. La Relación de Víctimas Mortales es la siguiente. Militares: Antonio Bravo Caballero, Manuel Noguera Castilla, José M. Cejudo Sánchez, (Los tres identificados por objetos personales que portaban) Antonio Bravo Caballero natural de Trigueros, fue enterrado en su ciudad natal el 12-08-1943. Manuel Noguera Castilla y José M. Cejudo Sánchez, fueron enterrados el 12 de agosto en el Cementerio Municipal de Valverde del Camino. Los cadáveres de Andrés Adalves Armada, José María Torres Gómez, Jacinto Medina López, José Hormigo Padilla, Lorenzo Romero Franco, Manuel García Muñoz, Nicolás Ruiz Barba, Inocencio Salado Muñoz, Pancracio Cabrera Caballero y Antonio Pilar Marchena, no pudieron ser identificados al estar sus cuerpos totalmente carbonizados, fueron inhumados en el Cementerio de la Soledad de Huelva, sector de Santiago, Galería 3ª. En días posteriores fallecen en el hospital los artificieros: Manuel Cruz Martin, Manuel Cidres Martin y Manuel Brenes Bohórquez que también fueron enterrados en el cementerio de la Soledad de Huelva. Civiles: Juan Antonio Muñoz Rico y Antonia Muñoz Rico, hermanos, hijos del Jefe de la Estación de Niebla, fallecidos en el Hospital militar de Huelva el 11-08-1943, fueron enterrados al día siguiente en Huelva junto a los militares fallecidos. El 13-08-1943 fallece el niño Rafael Daza Pérez, el 16 de agosto el mozo de Estación Luis Díaz López y el 24 de Agosto el Factor de Estación Luis González Villa. Los 15 militares heridos que sobrevivieron fueron ingresados en el Hospital Militar de Huelva y el 26 de Agosto se procedió al traslado de los mismos al Hospital Provincial de Sevilla. El 27 de septiembre fue dado de alta el Valverdeño Francisco Doblado Sánchez, y el 15 de abril de 1944 salió del hospital el ultimo militar herido en este suceso, el artificiero José Rufino Cruz. De los 26 civiles heridos ingresados en el Hospital militar de Huelva, fallecieron los cinco reseñados en las víctimas mortales, de los 21 restantes 7 fueron diagnosticados leves, 9 como graves y 5 como muy graves o gravísimos. Entre las víctimas civiles hubo tres menores, el niño Rafael Daza Pérez, que días más tarde falleció, el niño Matías Padilla Pérez herido leve que fue curado en el Hospital y enviado a casa, y el menor Santiago Ramos Urban, (mendigo) que a menudo rondaba por la estación, fue ingresado en gravísimo estado en el Hospital Provincial de Huelva, se le dio el alta el 10 de Enero de 1944, dando el Gobernador Civil orden de su ingreso en la Casa Cuna de Ayamonte de donde escapo el 30 de enero.

Las posibles causas del siniestro.

Después de analizar las declaraciones de los testigos, y los informes del Brigada Jefe del Polvorín, del Coronel Jefe de la Real Maestranza de Artillería de Sevilla, y del Comandante Jefe de Municionamiento, no se pueden establecer unas causas definitivas que fueran las que provocaron este desastre. Las declaraciones de los Jefes coinciden en que las instalaciones no reunían todas las condiciones necesarias, pero hacían la observación que debido a las circunstancias de la guerra civil no había otras instalaciones que mejoraran a estas y que hasta el día de la fecha no habían encontrado otros locales con capacidad suficiente para albergar la cantidad de pólvora existente en Niebla. Señalan que debido a la antigüedad de las mismas la techumbre presentaba algunas deficiencias que se iban a reparar. No descartan, pero no creen que pudiera ser un sabotaje, debido a la vigilancia y seguridad que constantemente se mantenía sobre los polvorines y más a plena luz del día. Conociendo la competencia y profesionalidad de los que estaban trabajando en el polvorín, también descartan que se cometiera una imprudencia. Como posibles causas barajan la posibilidad de que una chispa procedente del tren que había pasado minutos antes pudiera haber llegado a la pólvora a través de algún desperfecto en la techumbre, También señalan que pudo producirse una inflamación espontanea por efecto de las altísimas temperaturas en alguna pólvora que pudiera estar en mal estado, pero al mismo tiempo aseguran que todas las pruebas y revisiones que tenían que pasar las pólvoras estaban al día. Otra posible causa considerada es la de algún golpe fortuito por caída de alguna caja de pólvora. El Jefe de Estación en su declaración aseguro que los trenes tenían orden de aminorar la marcha y cerrar la rejilla de la chimenea de la maquina antes de llegar a la estación. Según me contó Manuel Tejero, en Valverde se decía (voz populi) que la posible causa pudo estar en el traslado de alguna caja de pólvora, el roce con el suelo de alguna “puntilla” existente en la misma pudo hacer saltar la chispa causante del desastre. Pero esta, como las demás, son especulaciones sobre lo que en realidad pudo pasar. La más probable es la que señala a alguna pólvora en mal estado, ya que en un cuartillo sin numerar en el lado noroeste de la instalación se encontraban varios empaques de pólvoras que presentaban cierto deterioro en su embalaje y había que proceder al reempacado de su contenido, trabajo que no se podía hacer en los polvorines. Se descarto esta posibilidad porque allí no se estaba trabajando y también porque la mayoría de los testigos declaran que las llamas salían del polvorín nº 1. A pesar de no estar trabajando en este cuartillo, en el aparecieron varios cadáveres, ¿debido a que? Los mandos declararon que pudo ser que al producirse el incendio en el polvorín nº 1, estos hombres buscaran refugio en este pequeño local. A pesar de todos los documentos revisados, no he encontrado pruebas suficientes que puedan aclarar las causas reales que originaron este terrible suceso.

Indemnizaciones.

Esta catástrofe además de las víctimas personales (militares y civiles) causo gravísimos daños a la estación de Niebla, a los vagones y depósitos estacionados en sus vías, traviesas, almacenes y aserraderos de madera así como plantaciones de Vid, olivos y frutales de los alrededores del polvorín que fueron destruidos por las llamas. Esto provoco que los afectados iniciaran en cascada la solicitud de indemnizaciones. Son demasiadas para poder describir todas, como muestra detallaremos dos muy significativas. Una de ellas la solicitud cursada por los dueños de los polvorines 1, 2 y 3, estos señores solicitaron una indemnización de 125.000.- ptas por los daños causados y el pago de las rentas desde el final de la guerra. Otra importante es la de Francisco Álvarez que solicita 208.395.- ptas por las cerca de 700 tm de madera quemadas en su depósito cercano a la estación. Las víctimas personales o sus familiares también solicitaron las correspondientes indemnizaciones y pensiones.

El suceso y la prensa.

En aquellos oscuros años de la dictadura franquista, la información estaba sometida a un férreo y estricto control por parte de las autoridades, la prensa tenía que superar una rigurosa censura. Solo se publicaba lo que interesaba al régimen y los censores permitían. La noticia sobre este terrible suceso también se vio afectada por esta situación. Tirando de hemeroteca, en periódicos de tirada nacional tan importantes como ABC o La Vanguardia no encontré ni una sola noticia sobre este episodio. En la sección de sucesos del ABC de Sevilla del 12-08-43, se da la noticia de la muerte de una niña por un carro en el Cerro del Águila, la caída de un ciudadano en Ronda de Capuchinos y el robo de carteras en los tranvías. De la explosión del Polvorín de Niebla nada de nada. Solo en el Odiel del día 12 de agosto encuentro una pequeñísima reseña del incendio del polvorín y una esquela donde las autoridades civiles y militares ruegan la asistencia a los actos religiosos a celebrar por las víctimas. El día 13 este diario publica dos reseñas sobre el funeral y el sepelio. El 14 el Gobierno Militar pública una nota de agradecimiento por la ayuda prestada en los trabajos de extinción y primeros auxilios a la victimas. Alguna prensa extranjera cercana al exilio republicano, publico cierta información atribuyendo el suceso a un sabotaje de guerrilleros antifranquistas. No creo que tenga mucha credibilidad esta información, pues por esas fechas la guerrilla en la provincia de Huelva estaba prácticamente extinguida, no existían núcleos organizados, solo quedaba algún que otro huido, más preocupado por su supervivencia que por realizar actos de sabotaje. Revisé las actas capitulares de los plenos (desde el 10-08-1943 al 10-09-1944) de los Ayuntamientos de Niebla y Valverde, ciudades con víctimas entre sus ciudadanos, no encontré ni una referencia sobre este suceso, ni una declaración de apoyo a las víctimas o sus familias.

El 8 de octubre de 1948 el Auditor Jefe de la 2ª Región Militar pone fin a la causa 655/43 y procede al archivo de la misma sin más trámites. No sabemos si en el futuro podrá aparecer nueva documentación e información que aporte nuevos datos sobre este asunto que hagan posible aclarar las causas reales que provocaron este luctuoso suceso.

FUENTES DE CONSULTA: –

-Archivo histórico de la Diputación Prov. de Huelva –Caja 2.2.3 CD 2657.

-Archivo Municipal de Valverde del Camino, legajo 205.

– Hemeroteca Diario Odiel. -Hemeroteca Diario ABC.

– Hemeroteca de La Vanguardia.

AGRADECIMIENTOS: Mi más sincero agradecimiento a:

-Manuel Tejero Membrillo (q.e.p.d) -Manuel Romero Moya

-Jesús Copeiro Ramírez del Villar -José Mª García Márquez -Paqui Medina Arestoy (Archivera de Valverde)

-Antonia Navarro Lorca. (Archivo de Valverde). –

Juan C. Castilla Soriano (Archivo de Valverde).

– A las familias de los valverdeños victimas de este suceso, por su inestimable ayuda para la publicación de este articulo.

Juan Castilla Navas

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