El vuelo de la Torcaz

0
400

Bando de Torcaces en su ruta migratoria.Hoy traemos al espacio de naturaleza a la paloma torcaz, la de mayor porte y la más elegante que vuela por nuestros campos. La Torcaz es un ave común y abundante en toda Europa y por ende también en la Península Ibérica, cuartel de invernada de la mayoría de las palomas del norte, centro y este del continente. Sus poblaciones cambian el gélido frio y las grandes nevadas del invierno centroeuropeo por las suaves temperaturas del suroeste peninsular. Desde tiempo inmemorial (época de las glaciaciones), en los primeros días de otoño, millones de palomas (entre 2 y 3, los años de menor migración y entre 4 y 5, los años de mayor paso) cruzan los Pirineos procedentes de Noruega, Suecia, Estados Bálticos, Rusia y países del centro y este de Europa rumbo al cuadrante suroccidental de la Península Ibérica donde llegan de mediados de octubre a mediados de noviembre. Durante la invernada la población de palomas migratorias multiplica por diez la `población de torcaces sedentarias. A finales de febrero inician el viaje de regreso a sus lugares de cría.

El color predominante en el plumaje de la torcaz, es el gris con tonos rosáceos en el pecho y manchas blancas y negras en alas y cola. A ambos lados del cuello tiene unas pinceladas blancas y otras de un tono verde iridiscente muy característico. El vuelo de la torcaz es poderoso y elegante con una gran capacidad para realizar grandes desplazamientos. Tiene una excelente vista y su canto es un arrullo muy característico. Cría en arboles de frondosas y pinares, el nido es sencillo (unas pocas ramas cruzadas) donde pone dos huevos de color blanco que incuban los dos miembros de la pareja, los polluelos nacen a los 18 días, al mes de nacer ya realizan los primeros vuelos.

A la paloma debo lo poco que conozco de nuestros parajes, de los barrancos, de las riberas, de los montes de nuestro entorno. La Torcaz es una especie de caza menor, seguir su vuelo es la mejor forma de descubrir lo más agreste y bello de nuestro territorio. Su caza es una emocionante aventura, se suele cazar al vuelo en sus lugares de paso y en la comida, o en el aguardo al soleo. Para la mayoría de cazadores la paloma es “muy aventurera” y creen que su caza solo consiste en meterse en el aguardo y disparar. Un gran error. La “esencia”, su verdadera caza comienza cuando sales al campo a buscar sus lugares de paso, descubriendo los rastros que deja en sus posaderos (plumas y excrementos), cuando consigues localizar sus lugares de “soleo” y sus “dormideros”. Aquí radica el éxito o el fracaso de una jornada a la paloma. Solo conozco un “maestro” en la caza de la Torcaz: Gregorio Bermejo, la clave de su éxito está en la constancia, en la observación, en el trabajo de campo que le permite conocer como nadie los terrenos, las querencias y los hábitos del animal.

Mi afición a la paloma viene de niño, los fines de semana iba con mi padre a “Las Gamonosas”, el me llevaba de aguardo a la “Viga” y al barranco de Pascual. Eran otros tiempos, en aquella época la paloma era abundantísima, en el mes de noviembre llegaban a nuestras dehesas grandes bandos con miles de torcaces que se repartían por sierras y ribera. En algunas dehesas tiraban cohetes para espantarlas antes de que se comieran las bellotas que engordaban a nuestros “cochinos”.

En los primeros años ochenta comenzó a cambiar la situación, en junio de 1981 un gran incendio forestal afecto gravísimamente a el paraje de “El Mustio” (Aroche), durante cinco días las llamas calcinaron 8000 Has, una repoblación de eucaliptos y pinos que era el mayor dormidero de torcaces de Andalucía, durante la “invernada” se quedaban en él más de 300.000.- palomas que se repartían por todo el Andevalo. La importancia de un “dormidero” seguro, estable, donde no se tire y se moleste a la paloma y la abundancia de bellotas son fundamentales para mantener las poblaciones de torcaces en un territorio. Al faltar el gran dormidero de “El Mustio” los grandes bandos comenzaron a desplazarse hacia otras zonas. Si a esta circunstancia añadimos que los animales detectan con mayor facilidad que el hombre los cambios que se producen en la naturaleza, a partir de mediados de los ochenta la paloma, esa gran viajera, comenzó a notar el inicio del calentamiento global, el frio no era el mismo, no las obligaba a bajar a estas latitudes, se quedan en las sierras extremeñas y en el Alentejo portugués llegando hasta Setúbal. Era una señal más del inicio del cambio climático.

En otras zonas de España la torcaz es una especie en expansión, en Extremadura y zonas del centro de la península sus poblaciones van en aumento, colonizando nuevos espacios llegando incluso a núcleos habitados y parques públicos. En nuestros montes nada es igual, aquellas “nubes” de Torcaces que “tapaban” el sol, no volverán.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here