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Por Juan Castilla Navas.

Hubo un tiempo que el lobo habitaba la mayor parte de la península ibérica, su aullido se escuchaba en nuestros montes. Carnívoro y depredador, este animal se alimenta de ciervos, jabalíes, corzos, conejos y otros animales. Desde tiempo inmemorial compitió por estas presas con el otro súper-depredador: El hombre.​​​​​​​​

En la noche de los tiempos comenzó el conflicto entre el hombre y el lobo, un conflicto que convertía al hombre en cazador y al lobo en presa. Competían por las mismas piezas y cuando estas escaseaban, el lobo, por cuestión de supervivencia atacaba los rebaños y los animales de labor que el hombre criaba. Se inicio una persecución sin cuartel contra el lobo que llevaría a este al borde de la extinción. A comienzos de los años setenta del siglo XX en el cuadrante noroccidental de la península solo quedaban unos 300 ejemplares.​​​​

El lobo era considerado una plaga, una bestia, un animal dañino relacionado con lo tenebroso. Dichos como “meterse en la boca del lobo” o “ver las orejas al lobo” lo atestiguan. Las leyendas sobre ”Hombres Lobo” eran la escenificación del mal. Un animal diabólico al que había que exterminar. Y casi lo conseguimos.​​​​​​​​

El inmenso trabajo de divulgación del recordado Félix Rodríguez de la Fuente y la constante labor de grupos ecologistas y conservacionistas han conseguido que la mayoría veamos al lobo como un animal emblemático, respetado y digno de protección. Los programas de recuperación y las indemnizaciones pagadas a los ganaderos afectados por sus ataques han logrado recuperar sus poblaciones en Castilla-León, Asturias y Galicia donde ya no está considerado en peligro de extinción, está catalogado como especie “vulnerable”. Hoy día la población de lobo Ibérico se estima en unos 1800 ejemplares. En Andalucía se encuentra prácticamente extinguido. Algunas informaciones indican que dos o tres familias aisladas han sido vistas entre las Sierras de Jaén y Córdoba.​​​​​​​

Desde sus inicios hasta el primer tercio del siglo XX, Valverde del Camino fue un pueblo eminentemente ganadero, sus campos y baldíos estaban poblados de rebaños de ovejas, cabras y vacas, y sus dehesas de cerdos. Animales que componían una importante cabaña ganadera. Para ver la importancia de la misma damos datos del Catastro del Marqués de la Ensenada sobre el censo de ganados realizado en Valverde el año 1751 (1).​​​​

Ganado Vacuno……….. 3144 cabezas. Ganado caballar………..108 cabezas.​​Ganado lanar……………25234 “ Ganado Mular…………..635 “ ​​
Ganado cabrío………….19583 “ Ganado asnal …………..615 “​​
Ganado de Cerda…….. 3262 “

​​​​​​​Un total de 52.581 cabezas de ganado, una importantísima cabaña ganadera que poco más de un siglo después había descendido un 33%, hasta las 35.082 cabezas, según el censo realizado el año 1867 (1). En el siglo XVIII con una cabaña ganadera tan extensa, Valverde era “tierra de lobos”. Por las sierras de León y Rite campaban manadas que con frecuencia atacaban a los rebaños y animales de labor. En esta época existían leyes que autorizaban pagar premios y recompensas a las personas (loberos) que mataban lobos. El lobezno muerto se pagaba a unos 5 reales y el lobo grande a 33 reales de vellón.​​​​​

En el periodo comprendido entre los años 1729 – 1733 (5 años) el Cabildo Municipal de Valverde del Camino pagó 1.043,50 reales de vellón por los 101 lobos y 7 camadas que se mataron en ese periodo (2). Esto nos da una idea de la abundancia de este animal en nuestros montes. Hay parajes de nuestro entorno que son nombrados por topónimos que indican que en otro tiempo el lobo habitaba esos lugares, “El barranco del lobo” o “El salto del lobo” son un ejemplo de ello. A mediados del siglo XIX se mataban en Andalucía una media anual de 500 lobos. El “Lobero” era un personaje respetado que se encargaba de organizar y llevar a cabo la batida. Los premios recibidos suponían unos jugosos ingresos que le permitía mantener una economía saneada.​​​​​​​​​​

Con el siglo XX comenzó el declive del lobo ibérico. Su causa, el retroceso de la ganadería, el aumento de los terrenos de caza (cotos) y el incremento de su persecución. En las décadas posteriores a la Guerra Civil (años 50 y 60) “Las Juntas de extinción de Animales dañinos” pagaban: 800 ptas. por loba, 500 ptas. por lobo y 200 ptas. por lobezno). A finales de los cincuenta-principio de los sesenta, todavía se produjeron algunos ataques de lobos a las puertas de nuestro pueblo. Uno sobre un burro que estaba atado junto a los Riscos Tintones , y otro a un mulo en los cercados de “Las Cumbres”, junto a la “Cruz de Calañas”.​​​​

El último lobo que se vio por nuestro término municipal fue una loba abatida en una montería celebrada el 6 de Diciembre de 1969 en la Sierra León. Según nuestro amigo “Cheli” la mato el “Cano Pelovaca” junto al Tejar por debajo del “pinar de la Compañía”.​​​

En la provincia de Huelva se encuentra extinguido. Las últimas informaciones indican que el año 1984 se mato un lobo cerca del Rio Tinto junto a la estación de Cortecilla y el año 1985 se abatió otro en una montería celebrada en el coto de “La Pata del Caballo” de Escacena del Campo (Hasta el año 1986 no se prohibió su caza en Andalucía).​​​​​

Hace mas de 40 años que el lobo dejo de campar por nuestros montes. Si hiciéramos realidad de lo que hoy tanto alardeamos: “Desarrollo Sostenible” y “Respeto a la Naturaleza” quizás la situación actual no sería irreversible y las generaciones futuras podrían tener la oportunidad de volver a escuchar el aullido del lobo en nuestras sierras. ​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​

Fuentes de consulta:​​​​​​​​​​

(1) “Valverde un pueblo colonizador” (Diego Romero Pérez)​​​​​(2) Archivo Municipal – legajo 336 s/n.​​

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