El Rincón de Rubato. ¿La inadecuada pedagogía musical, sinónimo de una afición truncada?

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Por José Manuel Macías Romero.

 

“Cuando alguien me hablaba, puede que no entendiese las palabras, pero captaba cómo subían y bajaban las notas. Y advertía en el acto cómo era esa persona: cómo se sentía, si estaba mintiendo, si estaba disgustada. Los sonidos, la entonación del habla humana (de cualquier otro ser vivo en realidad) siempre han  encerrado para mi la verdad más profunda”.

                                                                                               (Leos Janacek)

 

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Si para cualquier disciplina objeto de estudio, no resulta fácil encontrarse un buen pedagogo, creo entonces, que para aquellas que tienen que ver con las artes la cosa se complica aún más.

Digo aún más porque en  mi modesta opinión, en el caso de las disciplinas artísticas, se precisan dos “artes” conjuntos: el arte de saber enseñar con todo lo que ello implica y el arte de dominar la materia artísticamente para que el alumno posea un modelo completo en el largo viaje del aprendizaje y de forma muy especial en los primeros compases del mismo que son de suma importancia para el futuro.

Claro que este planteamiento es un tanto idealista porque todos habremos oído decir aquello de: “es un gran artista pero no sabe enseñar” o también al revés.

En el campo del arte y en el asunto que hoy me ocupa, merece una mención especial la pedagogía aplicada a la música. Ya que no son pocas las historias de niños que han preferido, en un momento dado, ocasionarse lesiones en dedos para no asistir a clases o exámenes de su instrumento objeto de estudio y todo ello como consecuencia de una deficiente praxis pedagógica musical. Igualmente, no son pocas las vejaciones sufridas por alumnos que a edades muy tempranas (biológica y profesionalmente) y sin embargo son machados casi de forma inconsciente por el enseñante de turno.

Estas realidades, aunque algunos las tachen de fantasiosas, no son más que una forma de maltrato que generalmente, suelen escudarse en la calidad artística; una calidad que en multitud de ocasiones, el profesor (con todo su título y diplomas) jamás puede representar.

Ante esta situación, son muchas las personas que han tenido la suerte o el buen asesoramiento para pasar página y dedicarse a otra cosa pero… ¿y, la música, no habrá salido perdiendo?.

Simplemente, por el gran número de casos de aficiones musicales truncadas, merecería la pena profundizar en el estudio de esta lacra pedagógica.

Pero, ¿ interesa, en un país como el nuestro, con la poca atención que se le dedica a la música gastar dinero en este estudio?

Mientras las mentalidades de nuestros políticos no cambien con respecto a sus obsoletas concepciones sobre las artes y el lugar que deben ocupar en la sociedad presente, jamás se invertirá un euro en todo lo que se refiere a mejorar la pedagogía musical; es más, sus procederes van según recogen los medios de comunicación diariamente por recortar y recortar amparados por la crisis mundial, la escasa atención presupuestaria que se invierte en música.

Ante este desalentador panorama, ¿qué podemos hacer?

Pues como siempre, si nos falta la inversión económica necesaria para solucionar los problemas, confiar en la buena disposición profesional de quienes se resisten a seguir enseñando la música como si de “la tabla de multiplicar se tratara”.

Aunque nunca se debe subestimar la excelente profesionalidad de ciertos docentes, en temas de educación, el asunto sobrepasa a esta buena disposición y la única solución posible consistiría, a mi modo de ver, en llevar a cabo una “gran revolución” de la pedagogía musical en España, que colocara cada pieza en su debido lugar y que teniendo en cuenta, mediante un estudio, las alternativas de países europeos similares, diera respuesta certera al cúmulo de fallos que nuestro actual sistema (con olor a medieval) se empeña en perpetuar.

¿Es de recibo que en un país como el nuestro se acabe de aprobar una ley de educación que concede más importancia a la religión que a las artes?

¿Para cuándo piensa la clase política ponerse de acuerdo  e implantar la obligatoriedad de la enseñanza musical en nuestro país desde preescolar hasta la universidad?

Pues, si a pesar: de las crueldades pedagógicas a las que siguen sometidos muchos alumnos en nuestras escuelas y conservatorios, producto de una mala práctica educativa. Del escaso o nulo interés que muestran nuestros gobernantes por la educación musical. De los escasísimos recursos económicos que se dedican a esta tarea; este país, hace algunos años está exportando excelentes músicos (algunos de ellos sin parangón en el mundo) ¿qué resultados podríamos obtener con una atención adecuada?.

Desde luego, menos que ahora jamás, como mínimo los mismos resultados pero habríamos aportado una educación musical básica al país con todos los efectos positivos que esto conlleva y que según la ciencia son cada día mayores, vistos desde una óptica de educación integral de la persona.

La introducción de Leos Janacek (músico checo) que utilizo para el presente texto, demuestra bien a las claras el poder de la música más allá de la música propiamente dicha pero, lamentablemente, hay quienes prefieren vivir y que vivamos en la ignorancia pese al daño que con ella se hace.

 

Pronto, esto cambiará no pienso perder la esperanza!

 

Primavera 2013

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