El insulto y la descalificación personal como arma política

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    POR FRANCISCO MÁRQUEZ GÓMEZ

    Recientemente he sido calificado, reiteradamente, como mentiroso por un miembro del partido del Partido Popular valverdeño. Hace algo más de tiempo, otro dirigente destacado vertió graves insultos contra mi persona. En el primer caso, los insultos estaban relacionados con mi análisis político sobre las recientes elecciones municipales; en el segundo caso, las descalificaciones estaban relacionadas con mi participación en las protestas contra la subida abusiva del IBI en nuestra localidad. En ambos casos no respondí al insulto y traté de reparar la afrenta con una petición de disculpas públicas, cosa que no logré en ninguno de los dos.

    Fuera de mi caso personal, aquí en Valverde, es frecuente ver en la prensa acusaciones o descalificaciones personales contra políticos, en vez de análisis sobre medidas programáticas o de gobierno puestas en marcha por dichos políticos. Un caso ilustrativo puede ser la polémica suscitada el día 8 de marzo por las declaraciones de la alcaldesa contra Susana Díaz, a la que acusaba de no tener dignidad para hablar de igualdad (Ignacio San Martín, Almonte , 8 de marzo de 2015). En el citado artículo, además, la edil valverdeña vierte otras descalificaciones: “Jamás pensé que el mayor castigo contra las mujeres llegara de una mujer”, o “No sólo es que no tenga programa, es que, a diferencia del resto de mujeres andaluzas, le sobra cobardía y le falta valentía”. Si nos paramos a pensar un momento, las descalificaciones (no tener dignidad, le sobra cobardía, le falta valentía) son personales y añaden poco al debate político de fondo, la desigualdad de la mujer en esta sociedad.

    Otros casos de insultos y descalificaciones personales podemos encontrarlos en la sección de comentarios del blog esvalverde, donde con demasiada frecuencia hemos podido ver intervenciones descalificantes, sin apenas razonamientos.

    No hace mucho, el profesor Vicenç Navarro nos disertaba sobre el uso de los insultos como arma política a su llegada a España, después de un largo exilio:

    “Ahora bien, no esperaba el nivel de hostilidad que he encontrado por parte de las derechas (y, lamentablemente, en algunos personajes de izquierdas). La cantidad de insultos, sarcasmos, ofensas, vulgaridades y manipulaciones es enorme. En ningún otro país en los que he vivido he encontrado tanta vulgaridad, mezquindad y mala leche, sin que haya límites para ello. La falta de argumentos se sustituye con el insulto. Y a medida que mis escritos, la mayoría en medios digitales, se han ido expandiendo, el nivel de agresividad ha alcanzado un punto que considero intolerable. Lamento que así sea. Recordaré lo que mi padre me dijo en una ocasión: “Hijo, el gran problema de España es que la derecha española siempre ha mandado basándose en la fuerza y no en la convicción. No tiene talante democrático y no sabe debatir y dialogar. Necesitamos —decía él, una persona de izquierdas profundamente democrática— otra derecha, si queremos que haya democracia”.

    Ello llevó al profesor Navarro a eliminar los comentarios de su blog personal, dado que no tenía recursos para cribar todos los comentarios ofensivos.

    No es difícil concluir que, al igual que hace el profesor, es necesario que eliminemos de todos nuestros comentarios los insultos y las descalificaciones personales, porque es una lacra que debilita la democracia y enfrenta a personas y familias, poniendo  el odio y el rencor por encima de los argumentos y razonamientos.

    En su discurso de investidura, la recientemente nombrada alcaldesa ha mencionado también el caso de los comentarios anónimos en las redes sociales. Esperamos que haga algo al respecto.

    Volviendo al caso que nos ocupa, el que dio motivo a esta introducción, se producen los insultos por una entrada que se publica en facebook, donde se mencionan las llamadas realizadas a distintas personas en Valverde el día de las elecciones municipales, desde teléfonos vinculados al poder municipal. En concreto, el comentario es el siguiente:

    “El censo puede ser utilizado para anotar las personas que votan, para que nadie vote sin estar en el censo, para que no voten los interventores que están en otras mesas que sean electores, para que no voten los que han votado por correo, para comprobar los resultados finales… pero para lo que no se puede utilizar el censo es para llamar a alguien del partido y que éste a su vez llame a la persona que no ha votado para recordarle que no ha votado y que le conviene votar. De esto tenemos pruebas y testimonios. Otra cosa es que las personas decidan ir a un juzgado, que es bien distinto.”

    Este comentario fue realizado en el muro de facebook de Marama Valverde (26  de mayo, a las 14:33), tras una introducción del mismo, sobre las llamadas de teléfonos del día 24.

    Respondieron muchas  personas, totalizando un total de 43 comentarios. Parte de esos comentarios, en concreto los de cuatro personas distintas, corroboran esto que decimos. “A mi s…… la llamaron”, “Eso es verdad porque a un familiar lo llamaron”, “Hola soy J. D. y te recuerdo que aún no has votado y tienes que votar”, “A mi marido lo llamó una chica  en nombre de un concejal… para recordarle que tenía que ir a votar”. Evidentemente, hay muchos más testimonios fuera de las redes sociales, pero echamos mano de estos porque son fácilmente demostrables.

    Pues bien, si analizamos el texto motivo de los insultos, en ningún momento hay ni injurias, ni descalificaciones; hay una denuncia sobre prácticas poco éticas que, a mi juicio, deben ser aireadas públicamente. Públicamente no quiere decir en el juzgado, ya que dichas prácticas pueden ser legales. ¿Pero son éticas? Veamos. Para dilucidarlo nos vamos a basar en la LOREG, que es la ley orgánica que desarrolla todo lo relativo a las elecciones:

    La presente Ley Orgánica del Régimen Electoral General pretende lograr un marco estable para que las decisiones políticas en las que se refleja el derecho de sufragio se realicen en plena libertad.

    Artículo 5

    Nadie puede ser obligado o coaccionado bajo ningún pretexto en el ejercicio de su derecho de sufragio, ni a revelar su voto.

    La conclusión parece evidente: en el preámbulo se nos habla de las decisiones políticas, en las que se refleja que el derecho de sufragio se realice en plena libertad; y en el artículo 5, para que no haya ningún género de dudas, se nos aclara que nadie puede ser obligado o coaccionado bajo ningún pretexto en el ejercicio de su derecho de sufragio. Y aquí viene el quid de la cuestión. El derecho a votar no consiste sólo en elegir la lista que cada uno quiera. El derecho a votar supone un requisito previo, que es el derecho a decidir si votas o no votas. España está entre la lista de países en que el voto no es también un deber inexcusable, y, por tanto, tan legítimo es votar como no votar. ¿Es coaccionada aquella persona que sobre las 7 de la tarde, una hora antes del cierre de los colegios, se le dice “Hola… te recuerdo que aún no has votado y que tienes que votar”? Yo pienso que sí. ¿Se puede demostrar? Pues haría falta que la persona que recibió ese whatsapp decidiera denunciar públicamente este hecho, y ya sabemos que la gente no se complica la vida. ¿Es verdad demostrable? Sí. ¿Es verdad demostrable judicialmente? Sí, pero habría que conseguir que una persona decidiera dar un paso del que difícilmente puede sacar algo positivo. Y vuelvo a insistir en un aspecto en el que muchos ciudadanos insisten cuando se hace una denuncia política de algo de lo que se tiene una evidencia más que razonable: ¿Por qué no se denuncia judicialmente, se preguntan? Pues porque la gente no suele utilizar la vía judicial de manera ordinaria. ¿Y ante ello qué hacemos? ¿Renunciamos a denunciar ante la opinión pública un asunto que es de dominio público por sus múltiples testimonios?

    Y el asunto de las llamadas no es un asunto local. Si estamos atentos a las denuncias sobre llamadas o whatsapp, veremos que la prensa ha publicado estos hechos en diferentes puntos de nuestra geografía. Para no ir más lejos, se denunció en la localidad de Punta Umbría (Huelva Información, 28-5-2015) a una apoderada del PP.

    Y retomamos el asunto de fondo del principio del artículo: ¿Merecen ser contestados artículos como el que suscribo, o como el comentario de facebook, con insultos y descalificaciones personales que sólo suponen una ruptura de la convivencia y una demostración de total falta de argumentos?

    Creo que no, pero estoy dispuesto a debatirlo. Y ahora hagan un recuento de los insultos y descalificaciones que he utilizado en mi artículo.

     

     

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