Dos Tenores

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Entre los múltiples placeres que la naturaleza nos brinda está el poder disfrutar del maravilloso canto del ruiseñor. Ese pequeño gran pájaro que cada primavera nos visita con el objetivo ineludible de seguir el proceso natural de la reproducción, regalándonos el privilegio de poder deleitarnos con su canto. Uno de los sonidos más extraordinario que de un pájaro podemos escuchar.

El ruiseñor es un ave de pequeño tamaño (unos 15 cm), de discreto plumaje de color pardo en cabeza, alas y cola, con tonos rojizos en la parte inferior de la misma, cuello claro color crema y vientre de tono grisáceo. De comportamiento arisco y huidizo en raras ocasiones se deja ver, pero por suerte se delata fácilmente por su inconfundible canto.

Su hábitat natural son las cañadas y claros del bosque con setos, antiguos huertos provistos de vegetación baja, zarzas, matorral y zonas húmedas con plantas que crecen cerca del agua. Se mueve con facilidad por las ramas bajas cerca del suelo con las alas algo caídas, siempre alerta buscando comida entre la hierba y la hojarasca. Su alimentación básica la forman larvas e insectos. En los meses de verano también picotea bayas y frutos del bosque.

El ruiseñor es un ave migratoria, a lo largo del mes de marzo llega a nuestros campos procedente del África subsahariana. Los primeros en llegar son los machos que normalmente son fieles a sus lugares de cría y vuelven al mismo lugar. Unos diez días después llegan las hembras. Los machos una vez establecidos comienzan a cantar para delimitar su territorio y para hacerse notar ante la llegada de las hembras. Formada la pareja comienzan a construir el nido, normalmente en las partes bajas de los arbustos, cerca del suelo, resguardados, casi ocultos. La puesta suele ser de cuatro o cinco huevos de un tono verdoso que la hembra incuba, dos semanas después nacen los polluelos que son alimentados por la pareja.

El mes de abril del año pasado tuve la ocasión de ver un nido de ruiseñor. Estaba buscando gurumelos en el “Lomero Llano” y me acorde de la “Fuente del Pimpollar”, decidí ver si podía encontrarla, comprobar en qué situación estaba y ver si podía echar un trago de agua fresca. Entré en el barranco y ¡como estaba todo de maleza!, zarzas, monte bajo, aulagas, jaras, todo cubierto a ambos lados, casi imposible de pasar. (Perdonen el inciso, pero quiero denunciar desde estas líneas que existe un “polvorín” en el corazón del parque periurbano “Saltillo-Lomero llano”, entre “Los Toscones” y el”Pinar del Saltillo”, con el riesgo de arder en cualquier momento con grave riesgo para el pinar y las casas que lindan con el pimpollar. Pero este es otro asunto, y como decía el del chiste: “de las humedades ya hablaremos otro día”). Rompiendo monte pude llegar a lo que en otro tiempo fue la Fuente del Pimpollar, una gran zarza lo cubría todo, está prácticamente perdida, solo un pequeño “escurriero” de agua delataba el lugar. No pude beber y me senté a descansar. A unos metros empezó a cantar un ruiseñor, su canto le delató, no lo veía, lo situaba en una madroñera a mi derecha, intente acercarme y no me dejó, voló y se perdió entre las zarzas. En el pie de la madroñera tenía el nido con tres huevos.

Si por algo destaca este pájaro es por su esplendido canto, su potencia, claridad y musicalidad lo hacen único, cantan lo mismo de día que de noche, sobre todo al amanecer y en el ocaso, como aviso a posibles competidores o como llamada amorosa a las hembras.

Hace ya unos cuantos años y lo recuerdo como si fuera ayer, una luminosa tarde de mayo fuimos al Calabazar a pescar y comernos una “puchera”. Entrada la noche, estábamos terminando de quitarle el “pellejo” a la “pringa”, las cañas echadas a fondo y la luna llena por testigo asomando entre los pinos. Cuando un ruiseñor empezó a cantar en los cipreses del antiguo vivero. A los pocos minutos en la orilla opuesta otro ruiseñor entro en liza compitiendo en canto con el del vivero. Se fue creando una atmosfera mágica: el silencio, una noche cálida y serena, el hechizo de la luna plateada iluminando el escenario, la bóveda de un cielo estrellado de donde descendía una calma relajante. La fuerza, la armonía, el canto señorial de dos virtuosos “tenores de la noche” llegaba a todos los rincones del Calabazar. Nos ofrecieron durante más de dos horas un concierto natural inolvidable e irrepetible.

Todo lo que se haga es poco para conservar al rey de los pájaros cantores. Los mayores peligros que amenazan al ruiseñor son las fumigaciones con plaguicidas – herbicidas (venenos para la naturaleza) y la destrucción de sus hábitats. Durante el mes de Septiembre el ruiseñor comienza la migración post-nupcial hacia los países del África ecuatorial.

Ningún otro pájaro ha sido tan alabado por poetas, escritores y músicos. Sirva como reconocimiento y admiración a esta joya de la naturaleza los últimos versos del poema “Vientos del pueblo me llevan” del gran poeta Miguel Hernández:

Cantando espero la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             (Publicado en Facanias-Abril 2015).

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