Campanario. Minería, senderismo y naturaleza

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A unos 10 Km al suroeste de Valverde del Camino se encuentra el Paraje de Campanario, una finca de titularidad pública de unas 900 has. situada entre el Rio Odiel (al Oeste), y el arroyo de Pajarrón (Al Sur). Es un lugar con numerosos afloramientos (Peña Geraldo y Riscos de Mojarra) y registros mineros, muchos de los cuales fueron explotados cuando la fiebre minera del XIX llego a nuestra provincia. Entre los que fueron explotados en mayor o menor medida podemos destacar: Campanario, Descamisada, Cruz Infante y Cibeles, minas de sulfuros complejos. También fue explotada mediante una pequeña corta, pocillos y galerías la mina Los Mellizos, un gran crestón de jaspes rojos (óxidos de manganeso) llamado Peña Geraldo. Actualmente el yacimiento Masa Valverde situado junto al arroyo de Pajarrón, parte del cual está dentro del perímetro de la finca se encuentra en fase de investigación.

La mina de mayor importancia fue Campanario situada a 3,5 Km de la CN-435 al oeste del cruce de El Cuervo. Su acceso por la antigua vía se encuentra en mal estado. En la época moderna fue explotada desde 1875 a 1922. En 1906 compra la mina la Compañía francesa Minas de Cobre de Campanario que le da el impulso definitivo a la explotación. Necesitada de abundante agua para el tratamiento de sus minerales, en abril de 1908 el ingeniero Jefe D. Carlos Eduard Turner solicita del Ayuntamiento de Valverde el permiso para la construcción en el arroyo de Pajarrón de un embalse para abastecer de agua a la mina. Las obras se terminan el 31-12-1911. Su presa tiene una longitud de 121,75 metros y una altura de 25, su capacidad es de 1 hectómetro cubico.                                                                                                                                                                 El embalse de Campanario de aguas claras y profundas es destino obligatorio para los amantes a la pesca de grandes carpas. Actualmente los peces que pueblan sus aguas son: El Black Bass, el barbo y la carpa (algunas han llegado a pesar más de 20 Kg). En la época de la construcción del pantano, en el arroyo de Pajarrón abundaban las poblaciones de bogas que rápidamente repoblaron el embalse. Pocos años después la boga era la reina de Campanario. Hasta principios de la década de los 70 este embalse fue un paraíso para los aficionados a la pesca de la boga. La primera vez que fui a pescar a Campanario era un niño, mi abuelo Andrés me llevó en el tren, nos bajamos en la estación del Cuervo y desde allí con la caña de bambú y la mochila al hombro, andando hasta el embalse. Ir de pesca a Campanario era una delicia, el éxito estaba asegurado, había mantas y mantas de bogas, ansiosas por picar a la lombriz o la masilla. Pescabas las que querías, siempre traías para regalar a familiares y amigos varios “salmorejos”. Muchas veces coincidimos en Campanario con “Bartolillo”, gran aficionado a la pesca de la boga, lo recuerdo con su gorrilla, su caña de bambú y su flotador hecho con la parte de cristal de un bolígrafo BIC. Cuando “Bartolillo” llenaba de bogas el “zurrón”, dejaba de pescar y se ponía a buscar gurumelos, siempre acarreaba lo que el tiempo daba.

A finales de la década de los 60 la Administración propicio la introducción masiva e indiscriminada del Black-Bass en nuestros embalses y se cometió el mayor atentado ecológico que han padecido las especies autóctonas de peces de agua dulce de este país. Un atropello que desde hace 50 años están sufriendo las poblaciones de ciprinidos y los aficionados a su pesca. A partir de entonces todo cambió en el embalse, el Black Bass acabo con las bogas y la pesca en Campanario fue ya otra historia.

Además del atractivo de este paraje para los amantes del patrimonio minero, su paisaje de suaves colinas es otro aliciente para los aficionados al senderismo, la naturaleza y las actividades al aire libre. Predomina el bosque de coníferas (pino piñonero), y en menor medida eucaliptos y una parcela de varias hectáreas de encinas, alcornoques y olivos situada detrás de los restos de la casa de la finca.

Por estos pinares sobrevuelan: Torcaces, ”rabuos”, mirlos, “gallitos del campo”, pica-pinos y rapaces como el milano y algún que otro búho real. En Pajarrón abunda la vegetación de ribera donde anidan ruiseñores y oropéndolas. Entre jaras, aulagas y romero podemos ver: jabalíes, ciervos, zorros, meloncillos, tejones, liebres y algún conejo que trata de sobrevivir a la RHD (enfermedad hemorrágica vírica).

Los amantes de la Caza y los gurumeleros también tienen la oportunidad de practicar su afición en Campanario. En octubre los sufridos aficionados a la caza menor salimos detrás de las bravas y esquivas perdices que crían por estos lugares. Los monteros no faltan a su cita con cochinos y venados. En año de gurumelos Campanario es visita obligada. En febrero sus pinares se llenan de gurumeleros ansiosos por llenar el canasto, patean cañadas y lomeros. Algunos. ¡Que traza se dan! Que siempre terminan entrando en plaza a algún “Jaulero”.

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