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ESPERANZA GÓMEZ HARRIERO

Durante estos días se está llevando a cabo una serie de conferencias online en la plataforma CICLIP, todas muy interesantes, sobre comprensión lectora. Algunas de ellas, además, facilitan claves para la animación a la lectura de nuestros niños.

En la charla titulada ¿Cómo ayudar a mi hijo a escoger un libro adecuado?, de Pilar de Cecilia, esta licenciada en filología románica y crítica literaria afirma que un lector no nace, pero sí “empieza a hacerse al día siguiente de nacer”. Para ella, nunca es pronto para enseñar a querer a los libros y nos cuenta qué debemos tener presente para orientar a los niños en el camino de convertirse en lectores que disfrutan de serlo.

  • Cuando el niño ya se puede sentar solo en la bañera, podemos darles libros de baño. Es importante que lo vean como un objeto lúdico y un compañero de juegos.
  • Después, libros de tela que pueden chupar, morder, usar de almohada, etc.
  • En el primer y segundo año son adecuados los libros llamados ‘irrompibles’, de cartón duro, con imágenes que le refuercen su propio entorno.
  • Después de estos vienen los que tienen muñecos o animalitos de peluche sujetos con velcro. Pueden pasearlos por las páginas, como si leyeran juntos.
  • Luego vamos pasando a los que son para colorear y pintar. Aunque no tengan textos, no importa, pues lo principal es vivir el libro como un compañero de diversión. Además, aquí van familiarizándose con las ilustraciones (muy importantes, como veremos más adelante).
  • Después pasan a otros que tiene pegatinas, donde se aprenden límites y comienza una educación espacial y de formas.
  • Más adelante vamos pasando a los primeros cuentos, con textos cortitos. Aunque no saben leer aún, se los pueden aprender de memoria casi sin querer y los recitan en un ejercicio memorístico.
  • Luego empiezan los de primeros lectores, con textos cortos y palabras fáciles.
  • Por último, pasamos a los distintos sectores de edades: 6-7 años, 8-9 años, 10-12 años y libros para adolescentes.

Pilar de Cecilia nos dice, entre otras cosas, que siempre hay un libro para cada lector y para cada momento. Hay niños que no se motivan con cuentos, pero quizá sí con libros de manualidades, o de deportes, o de recortables, etc. La idea al final es que el niño interactúe con el libro, que ponga parte de sí mismo en sus páginas, y nunca sea impuesto u obligado. El libro es un amigo, un compañero, una ayuda, pero no un deber.

En cuanto a las ilustraciones, el profesor Roberto Cuadros nos introduce en la importancia de estas en la literatura infantil. Según expertos, nos dice, las ilustraciones tienen una función más allá de embellecer. Son fundamentales en la comprensión y complementación de los textos, así como para darle un nuevo significado a lo que se está leyendo.

Cómo no, también las emociones juegan un papel crucial en la lectura. La reacción del niño que lee un cuento ilustrado es tal no solo por la calidad del texto, sino también por la fuerza de la ilustración. Si un pequeño lector es capaz de identificarse con uno (o varios) de los personajes de una historia, podemos tener claro que hemos dado con un libro importante para su desarrollo.

Roberto Cuadros nos aconseja buscar una buena obra de literatura infantil con ilustraciones acordes y armonizadas con el texto, es decir, imágenes que tengan una razón de ser. También nos señala como algo importante que observemos las preguntas que pueda suscitar la obra en su totalidad, ilustración incluida, con el objetivo de sacar todo el partido que sea posible. Por último, nos recomienda que el niño dibuje sobre lo leído para que pueda expresar aquello que oralmente no es capaz, y que le hagamos preguntas sobre su dibujo con el fin de ayudarles a contar lo que desean.

La última ponencia que os quiero recomendar y que me parece de gran ayuda para animar a nuestros niños a leer es la de Cristina Puig, ¿Cómo cambiar la vida de tu hijo con 10 minutos de lectura al día?. Según ella, con diez minutos de lectura al día con nuestros hijos, podemos hacer muchísimo por su amor a los libros. Esto es, de manera resumida, los que nos comenta:

  • De 0 a 6 años tenemos que ver la lectura como un juego.
    • Podemos sentarnos al niño en el regazo y leer juntos en voz alta, señalar imágenes y palabras, repetirlas, interactuar, poner voces…
    • Disfrutar de ese momento de tranquilidad y compañía.
    • Rescatar cuentos clásicos, que ayudan a superar los temores infantiles.
  • De 7 a 12 años la idea es ayudarles a afianzar las habilidades lectoras que adquieren en el colegio.
    • Descubrir nuevos libros, sobre todo los que vienen recomendados del colegio.
    • Elegir libros adecuados a sus gustos y motivaciones. ¡Y también valen los cómics! ¡O los libros sin palabras!
    • Jugar con los libros.
    • Hacer turnos de lectura.
    • Compartir diálogos.
    • Pasar de la primera a la tercera persona, o al revés.
    • Hacer obras de teatro.
    • Visitar las bibliotecas.
    • Regalar libros, no solo a tu hijo, sino a los amigos, familiares…
    • Dejadles elegir qué libros quieren comprar o sacar de la biblioteca (adecuados a su edad).
  • A partir de los 12 años, también podemos seguir ayudando a que no dejen la lectura y la continúen incorporando en sus momentos de ocio.
    • El mejor libro a esta edad es el que les guste.
    • Leer sus libros.
    • Acercarse a las propuestas de libros transmedia.
    • Conversar sobre los libros que leen.
    • Darles dinero para que vayan a comprar sus propios libros.
    • Recuperar los libros de su infancia.

Y sobre todo, sobre todo, sobre todo (y en esto coinciden todos los profesionales que animan a la lectura) es que para que los hijos se interesen por los libros es importantísimo que los padres también lo hagan. El ejemplo, al final, es lo que más peso tiene.

hola@esperanzaharriero.com

Esperanza Gómez Harriero

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