Alejandro López Pérez, valverdeño en Egipto

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Alejandro López delante de la Gran Esfinge, en la Necrópolis de Guiza (Egipto), julio 2015

JESÚS COPEIRO

Nació en Huelva el 3 de junio de 1990. Es nieto de José López Calleja y Gregoria Alcaría por la parte paterna y de Benito Pérez y Mª Jesús Calero por la materna; los primeros pertenecientes al gremio del calzado y los segundos al de la madera, como no podría ser de otra manera. Hijo de José Manuel López Alcaría, ingeniero técnico de minas, cuya profesión que desempeña es la de topógrafo, y Mª José Pérez Calero, ex-auxiliar de enfermería del hospital Infanta Elena de Huelva. Sus estudios los llevó a cabo en la Universidad Politécnica de Huelva realizando primeramente ingeniería técnica industrial, especialidad en mecánica, luego sacó el graduado en ingeniería mecánica y finalmente, a causa de su inmersión en el mundo laboral, solo pudo terminar el primero de los dos años del master oficial en ingeniería industrial. 

Foto 1

 

El 2 de junio de 2015 -narra Alejandro López- justo un día antes de mi cumpleaños y en plena preparación para los exámenes finales del master recibo una llamada de un número desconocido. Aún con las legañas en los ojos cojo el teléfono y para mi sorpresa era una empresa asturiana, dedicada al montaje y puesta en marcha de plantas de energía, a la que seis meses antes había entregado mi CV y ahora me ofrecían trabajo. Sinceramente, me costó decidirme, era arriesgado; tiraría por la borda medio curso del master, al perder la convocatoria de junio y de septiembre, ya que solo me aseguraban dos meses de trabajo. Me encontraba en la tesitura de aceptar un trabajo importante con buenas condiciones en el extranjero o finalizar mis estudios de postgrado. Dada la complicada situación laboral en España, me decanté por aceptar el trabajo; el master podría finalizarlo una vez me asentara en España.

El trabajo era en Egipto, así que llegué a El Cairo el 17 de junio de 2015, aún recuerdo la bofetada de calor al bajar del avión. Me recogió un chófer para llevarme a Port Said, la ciudad donde iba a residir y donde estaría la obra. Mi labor en este proyecto fue como responsable de calidad y oficina técnica, así como de apoyo en la puesta en marcha de una central de generación de energía (concretamente una termoeléctrica en ciclo abierto).

Port Said

Dista unas dos horas y media en coche de la capital y está situada en el vértice superior derecho del triángulo que forma el delta del Nilo. Tiene una población de poco más de medio millón de habitantes y es conocida por ser la entrada al canal de Suez por el Mediterráneo.

Junto a una de las turbinas de gas en Port Said, marzo 2016
Junto a una de las turbinas de gas en Port Said, marzo 2016

La ciudad posee numerosos edificios y palacetes coloniales del siglo XIX, ya que durante mucho tiempo fue residencia de franceses e ingleses durante la construcción del canal y, actualmente es zona de veraneo para los habitantes del interior del país. Esta zona se encuentra extremadamente descuidada y deteriorada (muchos edificios en ruinas), una pena; le podrían sacar mucho más partido al lugar ya que la mayoría de las casas se encuentran en el paseo marítimo y están llenas de historia. La ciudad se halla atravesada por un canal que divide a la ciudad en dos y ejerce de frontera física con Asia, el continente vecino; la parte oriental recibe el nombre de Port Fouad y se considera territorio de la península del Sinaí. Se podría decir por tanto que Egipto tiene territorio tanto en África como en Asia.

Alejandro López delante de la Gran Esfinge, en la Necrópolis de Guiza (Egipto), julio 2015
Alejandro López delante de la Gran Esfinge, en la Necrópolis de Guiza (Egipto), julio 2015

Clima

El clima de Port Said es mediterráneo y bastante parecido al de nuestra tierra, aunque son frecuentes olas de calor provenientes del interior del país. Al estar en la costa se nota la brisa del mar, lo que apacigua a veces el calor, aunque por el contrario ello provoca que la humedad sea muy alta. Las precipitaciones suelen ser escasas. En los meses de primavera y verano es necesario el aire acondicionado todo el día, pero en otoño las temperaturas se moderan.

La playa de Port Said y toda la costa del delta del Nilo, está muy mal cuidada y  sucia. Esto se debe a que las grandes fábricas del país están emplazadas a orillas del Nilo y todos los vertidos acaban en su desembocadura. Pero no todo es tan negro. Egipto goza de unas playas increíbles en la costa oriental bañada por el Mar Rojo. Pasé una semana en la ciudad de Hurgada, donde mi empresa tenía otra obra y me sorprendió muchísimo, es como si en cuestión de pocas horas te trasladaras al Caribe. Aguas cristalinas, cientos de hoteles, miles de extranjeros occidentales (especialmente rusos y ucranianos), restaurantes, tiendas, discotecas y pubs. La costa egipcia del Mar Rojo es uno de los mejores lugares para el buceo. Las ciudades de Hurgada y Sharm el Sheikh reciben turistas de todo el mundo para sumergirse en sus aguas cristalinas y perderse en sus arrecifes de coral.

Edificios coloniales de Port Said, construidos en el siglo XIX, enero 2016
Edificios coloniales de Port Said, construidos en el siglo XIX, enero 2016

Gastronomía

En Egipto puedes encontrar de todo menos cerdo, excepto en el barrio copto de El Cairo de religión católica. La carne típica por excelencia es el cordero, también abunda la ternera y el pollo. La fruta y verdura es de gran calidad ya que el delta del Nilo es tierra muy fértil; abunda el plátano, el dátil, el mango, la manzana, la berenjena y el tomate. Como plato típico puedo destacar el “kushari”, mezcla de legumbres y pasta aderezado con limón y una salsa picante.

Al ser Port Said una ciudad muy tradicional y arraigada a las costumbres del Islam, el alcohol está muy mal visto e incluso está prohibido beberlo fuera de casa. Nos costó mucho encontrar un lugar donde comprar cerveza, pero finalmente dimos con una tienda de electrodomésticos que vendía bebidas de “estraperlo”.

Religión

Aunque es un país de mayoría musulmana, entorno a un 8% de la población egipcia es católica y en las grandes ciudades existen barrios católicos en los que predominan las iglesias. Muy curioso me resultó conocer personas árabes y a la vez católicas. Quizás lo que más me ha impactado es su devoción por el Islam. Para ellos el Corán es su constitución y es algo sagrado, está incluso por encima de temas de igualdad o principios sociales que en el mundo occidental consideramos básicos, pero bueno, es un tema delicado en el que no quiero entrar ya que es su cultura y ellos entienden así la vida.

 

Mercado de Port Said. Maniquíes de ropa árabe con el velo islámico
Mercado de Port Said. Maniquíes de ropa árabe con el velo islámico 

Precisamente me tocó vivir allí el mes de Ramadán, su mes sagrado. Durante este periodo está prohibido ingerir nada durante las horas de sol, ¡ni agua! Tras el ocaso, se forma una gran fiesta en la que todos salen a la calle a comer y beber. Duermen durante las horas diurnas y hacen vida en las nocturnas. Rezan cuatro veces al día y en Ramadán cinco. Cada rezo tiene su hora específica y es un “aquí te pillo, aquí te mato”, echan en el suelo su alfombrita y al lío. Muy curioso es también el hecho de que haya megafonía por las calles y retransmitan los rezos cada día.  

Sabido era que iba a un país musulmán, pero me sorprendió bastante ver que entorno a un 30-40% de las mujeres usaban el burka integral (vestimenta islámica que solo deja al descubierto los ojos), y la que no, usaba el hiyab (velo islámico que deja el rostro al descubierto). Incluso llegué a ver mujeres bañándose en la piscina del hotel con una prenda a la que bautizamos como “burkini” que consistía en un traje de neopreno no ajustado al cuerpo, con gorro, guantes y escarpines.

Seguridad

Me asustaba la idea de ir a vivir a un país árabe debido a lo que está ocurriendo en esta zona del mundo. Esto se intensificó cuando veía tanques y carros de combate custodiando edificios gubernamentales en la ciudad. Cada policía iba armado con un kalashnikov. La presencia policial y del ejército está muy presente en las calles y al principio es algo que me ponía bastante nervioso. Con el tiempo te acostumbras y me atreví a pasear después del trabajo y, aunque a golpe de vista la ciudad da un poco de miedo, pues parece que por allí ha pasado una guerra, no se respiraba inseguridad alguna, todo lo contrario, es gente amable y tranquila, excesivamente tranquila diría yo.

Otra vista del Mercado de Port Said con los puestos de comida, febrero 2016
Otra vista del Mercado de Port Said con los puestos de comida, febrero 2016

Uno de nuestros pasatiempos preferidos era ir a pasear por la noche al mercado. Este consistía en un barrio entero donde los vecinos venden de todo; cada calle está dedicada a un tipo de artículo en concreto: ropa, fruta, carne, animales vivos, puestos de comida, etc. Por otro lado, el pasatiempo de los egipcios es tomar el té y fumar “shishas” en cualquier tetería, que prácticamente hay una en cada calle.

¿Asentarme en España?

Bueno, a pesar de que no es fácil estar largas temporadas fuera de casa aguantando el ritmo de trabajo que tiene el mundo del montaje y puestas en marcha, he de decir que pensándolo fríamente debo sentirme afortunado por estar donde estoy. La experiencia de vivir y trabajar en otros países te enriquece enormemente y siento que aún queda jugo por exprimir. Evidentemente, esta vida nómada desgasta mucho y los días de bajón anímico son doblemente sufridos al verte solo tan lejos de tu hogar y de tu círculo cercano de confianza, pero de momento me veo con fuerzas.

 

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