Convidado de piedra y muro de frontón, por Rafael Parreño. (Opinión)

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    El pueblo llenando la sala para asistir al pleno, para conocer lo que la alcaldía había decidido al fin sobre la justa y necesaria bajada del IBI, y al señor que habla en nombre del partido mayoritario no se le ocurre otra cosa que aprovechar la especial ocasión para reforzar aún un poco más su escudo de la deuda recibida y arremeter con todo el armamento contra los desmanes económicos del gobierno municipal anterior.

    Y así consumió una hora entera descargando sin ninguna consideración sobre las espaldas y los oídos de los vecinos allí reunidos la pila de varios kilos de facturas censurables que han conseguido reunir en todo este tiempo: metros y metros y metros cuadrados de moquetas, suntuarios viajes internacionales, los sobreabundantes gastos en propaganda y difusión… que si tantos miles de euros en festines (tanto de gambas, de presas, de chuletas, las cervezas detalladas, el whisky que no falte, las raciones de jamón… Resultaba desagradable y bochornoso: ¿había que decirlo así, de una forma tan morbosa y chabacana, en el contexto formal de un pleno que además era especialmente contemplado? No, con esas maneras será muy difícil realzar la dignidad de la institución).

    Una hora entera, sí, la gente escuchando a un señor hablando solo, cada vez más autoconvencido de la firmeza incuestionable de su posición, de lo bien que estaba explicando la horrorosa gestión del anterior gobierno y la dificilísima situación en que habían recibido él y su partido la economía municipal. Y bueno, en cuanto al núcleo del asunto, pues que sí, que valía, podía estar pensando cualquiera de los presentes, que llevaba mucha parte de razón en la crítica que hacía y en las consecuencias financieras del mal gobierno anterior… Pero es que eso mismo ya lo han dicho muchas veces, llevan año y medio repitiéndolo, todo el mundo está enterado de sobra, y ahora encima lo hacía con más prolijidad, con más cachaza y con evidente regodeo. Era obvio que aprovechaba la ocasión, y de una forma irritantemente desmesurada y desatenta con el público, para lanzar todas las piedras que pudiese contra su adversario político delante de los numerosos vecinos que habían asistido a esta sesión. Y claro, también resultaba evidente que utilizaba esa desconsiderada y pesadísima estrategia para al final justificar lo injustificable: que a causa de todo ese despilfarro anterior, era por lo que él y su partido habían tenido que tomar la decisión de subirle el IBI a todo el mundo hasta el expoliador índice del cuarentaitantos por ciento.

    Y la gente allí quieta, unos sentados, otros de pie llenando todos los huecos, callados todo el tiempo, pacientes, disciplinados, estoicos (¡Dios, qué buen vasallo, si oviese buen señor!, que decía el Cantar de Mio Cid). Esperando a ver si al fin había algo claro sobre lo suyo. ¡Pero qué va! Todo era para echarle toda la culpa al adversario, y salirse por la tangente en el asunto principal. Que sí, hombre claro que sí, que los anteriores lo han hecho fatal (y decirlo así solo quizás sea hasta demasiado benevolente), que eso ya no hace falta que lo esgrimáis más, a partir de ahora, a intentar depurar las responsabilidades que correspondan y ya está…

    Pero no es de recibo que se lo soltéis de esa forma, y con ese peso, y en estos momentos, a unos ciudadanos que han ido a la Casa del Pueblo para otra cosa que ahora mismo es para todos mucho más importante. Y que han podido ver tristemente a través de la truculencia argumentativa que ustedes no la quieren solucionar.

    La pregunta es por qué no. Por qué si han sido ustedes capaces de conseguir de unas y otras fuentes alrededor de diez millones de euros para ir solucionando los graves problemas económicos efectivamente heredados en el Ayuntamiento, cómo no son capaces de solventar un problema que supone “solo” un 9% más, sin tener que someter a los sufridos ciudadanos a un expolio impositivo semejante.

    Tiene que haber alguna razón subjetiva por detrás. Por qué tanto orgullo. Donde están la prudencia y la justicia necesarias. ¿Es porque en medio del movimiento ciudadano que se ha levantado para reclamar justicia y mesura han visto ustedes participando también a algunos de sus adversarios políticos más detestados? ¿Es porque se creen que el pueblo está siendo manipulado por alguna fuerza política fantasmal y perversa? Peligrosos, muy peligrosos esos terrenos. Ahí estaría el mayor error y la más censurable de las actitudes. Por ilusoria, por mezquina, por estrecha, por vengativa.

    Y se equivocan totalmente en este asunto. Ustedes lo saben, pero por si acaso, pregunten, pregunten casa por casa, vecino por vecino. A ver quién está de acuerdo con su desorbitada medida. El pueblo no se merece esto. La gente no tiene la culpa de los abusos que se hayan cometido antes bajo cuerda. La gente lo está pasando mal; algunos, muy muy mal. Y es totalmente inhumano, insensato e intolerable que los ciudadanos tengan que seguir presenciando día tras día cómo unos grupos políticos y otros se dedican con todas sus energías a enfrentarse y destruirse mutuamente, y no hacen todo lo posible para ayudar a resolver con justicia y eficacia los verdaderos problemas que a casi todos nos aquejan.

    Una pena, una verdadera pena.

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